En un contexto donde el Gobierno socialista parece priorizar los intereses económicos sobre la seguridad real de los conductores, el mandato de las balizas V-16 emerge como un nuevo capítulo controvertido. ¿Estamos ante otro negocio turbio similar al de las mascarillas durante la pandemia? Las evidencias apuntan a un patrón de regulaciones que benefician a empresas selectas, mientras el ciudadano asume costos innecesarios. Aunque el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, promete un periodo de tiempo sin multas inmediatas, esta medida suena a distracción temporal para un problema estructural.
Marlaska ha declarado que «nuestra intención no es recaudatoria. Los agentes serán flexibles y primarán la información sobre la sanción durante un periodo razonable de tiempo». Sin embargo, ¿por qué imponer algo obligatorio si luego se concede «gracia»? Esto revela el doble estándar del PSOE: legislar con prisa y rectificar bajo presión, mientras el flujo económico favorece a redes afines.
Similitudes con el escándalo de las mascarillas
Las paralelas con el negocio de las mascarillas son alarmantes. Una decena de empresas homologadas por la DGT para vender balizas V-16 ya participaron en contratos sanitarios durante la COVID-19. Por ejemplo, Wottoline, que obtuvo al menos 2,6 millones de euros en adjudicaciones pandémicas, y Oversun Energy, que transitó de energías renovables a mascarillas y ahora a estos dispositivos. Este «mercado cautivo» afecta a más de 25 millones de vehículos, con estimaciones de negocio entre 500 y 1.900 millones de euros.
Además, casos como el de Correos, que vende balizas de proveedores chinos «fantasma» previamente involucrados en mascarillas y consultorías, generan sospechas de irregularidades. Fuentes como The Objective destapan estas conexiones, cuestionando si se trata de coincidencia o clientelismo.
¿Dimitirá alguien? ¿dimitirá Pere Navarro?
Pere Navarro, director de la DGT, se erige como el principal responsable y debería dimitir inmediatamente. Las críticas en redes sociales son abrumadoras. Un usuario afirma: «En este país nadie va a dimitir, incluido el inútil que se ha atrincherado en la DGT Pere Navarro, tras hacer gastar miles de euros a los españoles». Otros exigen la anulación de la obligación de utilizar las balizas V16, y que la fiscalía, acuse a Pere Navarro de corrupción.
Incluso el eurodiputado Hermann Tertsch advierte: «Están poniendo en peligro la vida de los españoles y en cuanto haya muertos por uso de las balizas que las habrá serán muchos españoles los que se unan a una iniciativa para meter en la cárcel a Pere Navarro y toda la banda de sinvergüenzas». Expertos tildan la V-16 de «chapuza» por riesgos como geolocalización que facilita robos, ignorando alternativas como los triángulos.
Navarro defiende la medida, argumentando que «no van a parar coches para ver si llevan la V16» y que el objetivo no es multar, sino seguridad. Sin embargo, el PP la califica de «impuesto de 300 millones de euros» y «aguinaldo para Sánchez». Fuentes independientes acusan de «fraude masivo», y los abogados la llaman «el negocio del año».
¿Seguridad o control?
Contrastando perspectivas, medios afines al Gobierno minimizan la polémica, enfocándose en explicaciones técnicas de Navarro. Pero publicaciones críticas como El Español destacan la flexibilidad policial como admisión de fallos.
España es única en Europa imponiendo esto, lo que invita al debate: ¿prioriza el PSOE la seguridad vial o el enriquecimiento y control? Si se valorara la libertad económica, se anularía esta norma y se compensaría a los afectados. Este no es un mero asunto técnico; es síntoma de un Ejecutivo que legisla para sus aliados, no para el bien común.






