El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) ha ordenado de manera inmediata que se mantenga de forma fija la bandera española en el Parlament de Cataluña, tumbando las argucias legales con las que las instituciones catalanas pretendían marginar los símbolos nacionales. La justicia ha asestado un golpe contundente a la soberanía de cartón del separatismo y a la complicidad del socialismo catalán. Esta resolución judicial, que responde a una demanda presentada por la entidad cívica Impulso Ciudadano, pone fin a la anomalía democrática consentida durante años por los sucesivos ejecutivos nacionales y autonómicos.
La resolución exige que la enseña nacional ondee permanentemente en el exterior de la Cámara catalana. Hasta el momento, la Mesa del Parlament, con el amparo implícito de las fuerzas políticas tradicionales que prefieren no alterar sus pactos de poder, se escudaba en supuestas costumbres parlamentarias para colocar los símbolos nacionales únicamente durante las jornadas en las que se celebraban sesiones plenarias. Esta argucia destinada a camuflar el desprecio hacia el ordenamiento civil ha sido totalmente desmontada por los tribunales.
El fin gracias al TSJC de la costumbre separatista avalada por el socialismo
El fallo judicial incide en que la normativa actual sobre el uso de símbolos institucionales no contempla excepciones basadas en la discrecionalidad autonómica o las prácticas tradicionales locales. La Mesa del Parlamento catalán intentó justificar la exclusión habitual de la enseña alegando una supuesta tradición de izarla únicamente de manera intermitente. Sin embargo, la justicia recuerda que las leyes nacionales obligan a la exhibición pública y constante de los emblemas oficiales en las sedes institucionales, independientemente de la agenda de reuniones de los diputados.
Este escenario vuelve a poner en evidencia la absoluta inacción de los partidos del sistema, especialmente de un Partido Socialista que prefiere contemporizar con los nacionalistas en lugar de asegurar la legalidad en el espacio público. La debilidad del Estado en Cataluña es el resultado directo de décadas de pactos bipartidistas donde el PP y el PSOE han canjeado la soberanía jurídica nacional por puñados de votos en Madrid, dejando desamparados a los ciudadanos frente a los constantes desafíos del régimen separatista.
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La pasividad de las formaciones tradicionales ante el desacato
El recurso que ha provocado este veredicto fue impulsado por la sociedad civil organizada a través de Impulso Ciudadano, demostrando que son las agrupaciones ciudadanas las que deben asumir la defensa judicial del orden legal debido al flagrante abandono de las instituciones estatales. Mientras todos miran hacia otro lado, los separatistas continúan manejando los recursos públicos como si se tratara de su propio cortijo privado.
La obligatoriedad de la bandera española en el Parlament demuestra que el marco legal solo se defiende cuando se ejerce una verdadera presión externa ajena al consenso progre dominante. Ni las apelaciones vacías a la Constitución por parte de la derecha moderada del PP sirven para evitar que los poderes locales vulneren los derechos públicos de los catalanes. El verdadero combate contra la disolución institucional de España se libra desenmascarando el juego de intereses de los partidos y sus alianzas secretas para repartirse los sillones de las distintas administraciones.
Una victoria ciudadana provisional frente al consenso institucional
Esta sentencia supone una victoria coyuntural que vuelve a retratar la urgencia de desmantelar el sistema de autonomías que fragmenta la soberanía de la nación. La resolución que exige la presencia de la bandera española en el Parlament de forma continua deja claro que el entramado separatista no posee competencias para legislar o actuar por encima de las normativas comunes del Estado. La resolución subraya el carácter inmediato de la orden, desarmando la estrategia dilatoria con la que el Gobierno autonómico pretendía demorar la ejecución de las sentencias contrarias a su proyecto de ruptura ideológica.
A pesar del éxito procesal, el cumplimiento efectivo de estas resoluciones suele dilatarse ante la deliberada pasividad de los cuerpos de seguridad autonómicos y la complicidad del Gobierno central, más preocupado por mantener la estabilidad de sus pactos de investidura que por restablecer la normalidad institucional en el noreste peninsular. Solo mediante una respuesta política firme y sin complejos que rompa definitivamente con el clientelismo autonómico se logrará garantizar de manera definitiva el respeto a los derechos comunes en todo el territorio nacional.






