En un intento por limpiar su imagen tras el demoledor informe de la UCO que lo sitúa en el epicentro de la trama Koldo, el ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, compareció ayer, 4 de noviembre de 2025, en una rueda de prensa que más bien pareció un patético ejercicio de autodefensa. Lejos de un juicio formal en los tribunales –donde debería estar si la justicia actuara con rigor–, Torres se enfrentó a un juicio público que él mismo alimentó con declaraciones torpes y reveladoras. Se pone a hablar de refinerías y depósitos de gasolinas sin que nadie le pregunte, evocando acusaciones pasadas sobre tramas de hidrocarburos e IVA no pagado en origen, y niega enfáticamente prostitutas y drogas que, curiosamente, no aparecen en el informe pero que él saca a relucir como si quemaran en su conciencia. ¿Inocencia o lapsus? esto huele a culpabilidad encubierta, y el PSOE lo sabe pero lo tapa.
Recordemos los hechos: el informe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, de casi 350 folios, detalla una relación muy cercana y sospechosa entre Torres y Koldo García, el exasesor de José Luis Ábalos implicado en la corrupción de las mascarillas durante la pandemia. Audios y mensajes revelan cómo Torres presionaba personalmente para desbloquear pagos millonarios a Soluciones de Gestión, la empresa de Víctor de Aldama, pese a las irregularidades flagrantes en las mascarillas defectuosas. En uno de estos audios, del 21 de julio de 2020, Torres promete a Koldo vencer resistencias internas: «Me voy a cagar en todos los santos con la responsable económica. O lo soluciona o la levanto para el aire», refiriéndose a Ana María Pérez, directora de Recursos Económicos del Servicio Canario de Salud. Esto viola el artículo 120.1.d de la Ley de Contratos Públicos, que exige controles incluso en emergencias. ¿Y qué dice Torres? Que intervenía porque «se estaba incumpliendo un contrato», justificando su favoritismo como un acto de «responsabilidad». Pero los hechos hablan: Canarias pagó 12,2 millones de euros por material defectuoso, y Torres forzó el desembolso sin comprobaciones.
Lo más revelador fue cómo Torres, sin que nadie le preguntara, sacó a colación temas que lo delatan. «No hay comisiones que yo haya solicitado, no hay mordidas, no hay pisos en Atocha, no hay mujeres explotadas sexualmente, no hay refinerías que yo quisiera introducir de manera ilegal», proclamó en su rueda de prensa. ¿Por qué mencionar prostitutas y drogas si el informe no las toca? El ministro añadió: «Pero ¿Dónde están esas refinerías que se decía que yo traía de manera ilegal a Arucas?». Aquí patina: estas refinerías forman parte de la trama de hidrocarburos que investiga la Audiencia Nacional, vinculada a Aldama, donde se habla de depósitos de gasolinas exentos de IVA en origen de forma irregular. Aldama, el «conseguidor» de la trama, lo acusó de reuniones en pisos madrileños para tratar estos negocios turbios, y Torres lo niega ahora con vehemencia… pero ¿por qué traerlo a colación si el informe de la UCO no lo implica ni desimplica explícitamente? Torres se escuda en lo que «no dice» el informe para tapar lo que sí dice: su trato de favor y presiones ilegales.
Desde el espectro izquierdista, intentan pintar a Torres como víctima de «ataques difamatorios», citando su anuncio de demanda contra Aldama por «el daño irreparable». Pero confrontemos esto: el informe no lo exonera del todo. La UCO ve «indicios de trato de favor» entre Torres y la trama, y detalla cenas con Aldama que él minimiza como «un momento por la tarde». Torres se ponía «a las órdenes de Koldo», quejándose de retrasos en pagos como si fuera su jefe.
Este escándalo no es aislado; es el enésimo clavo en el ataúd del sanchismo corrupto. Mientras la izquierda clama «no hay indicios delictivos», ignoran que el Supremo abre juicio a Ábalos, Koldo y Aldama por las mismas mascarillas. Torres se delata al negar vicios que nadie menciona, abriendo el debate: ¿es esto el fin de su carrera? El PP estudia denunciarlo por falso testimonio, y con razón. En un país serio, dimitiría; en España, Sánchez lo mantendrá para tapar más podredumbre.






