En un país donde la izquierda gobernante presume de «progresismo» y «acogida», la realidad golpea como un fusil de asalto en manos de narcotraficantes. Pedro Sánchez, el líder del PSOE, ha sido acusado repetidamente de abrir las puertas a elementos criminales venezolanos, y ahora el Tren de Aragua –esa banda sanguinaria ligada al régimen de Maduro– planta su bandera en España. ¿Coincidencia? No lo creemos. Mientras el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, se limita a operaciones cosméticas, las mafias extranjeras proliferan, trayendo violencia, drogas y armas de guerra. Es hora de confrontar esta invasión criminal y debatir si las políticas de inmigración descontrolada no son, en realidad, un pacto con el diablo chavista.
Recordemos los hechos: el Tren de Aragua, originario de una prisión venezolana, ha sido designado por Estados Unidos (el congresista estadounidense Mark Green en diciembre de 2024) como una organización criminal transnacional con vínculos directos al gobierno de Maduro. Pero el mal no se detiene en América: en España este mismo mes, la Policía Nacional desarticuló por primera vez una célula de esta banda con la detención de 13 individuos en ciudades como Barcelona, Madrid, Girona, A Coruña y Valencia. Según el Ministerio del Interior, la célula estaba en fase «embrionaria» desde 2023, dedicada al tráfico de personas, distribución de drogas como la cocaína rosa («tusi») y extorsiones. Desmantelaron dos laboratorios de drogas, pero ¿es esto suficiente? Fuentes policiales revelan que preparaban «para la guerra con bandas rivales» para controlar territorios y redes de distribución.
¿Y la conexión con Sánchez? No es secreta la afinidad del PSOE con el chavismo. José Luis Rodríguez Zapatero, mentor de Sánchez, ha sido señalado por sus lazos con la «narco-dictadura» de Maduro, incluyendo al Tren de Aragua y el Cártel de Sinaloa. El PSOE ha votado dos veces en defensa de organizaciones criminales venezolanas, según denuncias de Vox.
Pero el escándalo va más allá: el tráfico de armas de guerra acecha. El Tren de Aragua está armado hasta los dientes, con rifles de asalto y granadas en sus operaciones globales. En España, narcos han abierto fuego contra la policía con AK-47 en Cádiz, dejando un agente herido. Un sindicato policial ha acusado a Marlaska de abandonar a los oficiales y permitir que las bandas prosperen. Recientemente, se desmanteló un arsenal subterráneo con rifles de asalto y pistolas automáticas. ¿Posible nexo con TdA? Fuentes indican que la banda usa alias y documentación falsa para traficar armas y drogas, operando como un cartel paramilitar bajo órdenes de Maduro.
Mientras tanto, las mafias extranjeras y bandas en aumento en España son una plaga incontrolable. Las estadísticas revelan un auge de grupos rusos, italianos, marroquíes y sudamericanos, con redes de lavado de dinero y tráfico humano. Marbella se ha convertido en un «united nations of crime», con tiroteos y raids de gangs globales. En Andalucía, el narco no huye: responde a balazos. ¿Por qué Marlaska no actúa? Sus «cooperaciones» con países de origen suenan a excusas, mientras reduce reclusos peligrosos en prisiones, favoreciendo excarcelaciones.
Este debate no puede eludirse: ¿las políticas de Sánchez, heredadas de Zapatero, no han convertido España en un paraíso para mafias? La derecha propone mano dura: deportaciones masivas, refuerzo policial y cierre de fronteras. La izquierda, con su «buenismo», nos deja expuestos. ¿Aceptaremos que fusiles de asalto y cocaína rosa dicten nuestro futuro, o exigiremos un cambio radical?






