En un claro ejemplo de gestión desastrosa del hantavirus, el Gobierno de Pedro Sánchez ha transformado una emergencia médica en un espectáculo global. Mientras Reino Unido ejecutaba una operación militar precisa para auxiliar a una isla remota, España presumía de “ejemplaridad” pese a evidentes fallos en protocolos, improvisaciones y riesgos innecesarios para la población. Esta crisis no solo expone la incompetencia del Ejecutivo socialista, sino su afán por instrumentalizarla con fines políticos internacionales.
La operación británica frente a la chapuza española
Reino Unido respondió con eficacia a la sospecha de hantavirus en Tristán da Cunha, la isla habitada más remota del mundo. Un avión A400M de la RAF lanzó a seis paracaidistas y dos médicos militares junto con suministros de oxígeno y material sanitario. La isla, con solo 221 habitantes y sin pista de aterrizaje, enfrentaba agotamiento de reservas médicas tras la escala del crucero MV Hondius. Esta acción rápida y coordinada contrastó con la gestión desastrosa del hantavirus en territorio español.
En cambio, España permitió que el crucero, con pasajeros potencialmente expuestos, navegara tres días desde Cabo Verde hasta Canarias. Las autoridades canarias expresaron reservas, pero el Gobierno central impuso el atraque alegando mal tiempo que no coincidía con las previsiones.
Una vez en puerto, se trasladó a los pasajeros en autobuses donde se observaron graves fallos: un psiquiatra alto cargo vinculado a Mónica García se quitó el EPI al bajar, y otros carecían de mascarillas adecuadas o trajes de protección adecuados. “Las medidas están muy por encima del riesgo”, defendió el director general de Salud Pública, Pedro Gullón, en una entrevista que acabó en bronca con Risto Mejide en Todo es mentira. Gullón perdió los nervios y lanzó un insulto antes de cortar la conexión.
Esta gestión genera alarma justificada. La OMS de la Unión Europea considera “alto riesgo” un contacto de apenas 15 minutos a dos metros, según fuentes consultadas.
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El show de Sánchez y los fallos que la izquierda oculta
Sánchez y sus ministros, incluida Mónica García, han vendido la operación como un éxito de “lealtad institucional” y “rigor científico”. Sin embargo, la realidad muestra improvisación: pasajeros paseados por la isla en autobuses sin protección visible, traslado a Madrid de los pasajeros españoles y un relato que se derrumba ante las imágenes. La izquierda al completo califica la actuación de “modélica”, pero los hechos demuestran lo contrario.
Este montaje tiene un objetivo claro: proyectar imagen internacional para que un ministro de Sánchez opte a la Jefatura de la OMS el año que viene. Mientras, se ignoran riesgos reales y se confronta con las comunidades autónomas, como Canarias y Madrid que vieron invadida su autonomía. La gestión desastrosa del hantavirus no protege a los españoles ni a los europeos; prioriza el autobombo.
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El asalto a las instituciones internacionales sobre los hombros de los españoles
Esta obsesión por colonizar organismos internacionales a costa de la seguridad nacional es la marca de la casa de un sanchismo.
Es el clavo ardiente al que se agarra una izquierda agotada para intentar lavar su imagen tras los constantes escándalos de corrupción y traición. No podemos permitir que se use Canarias y Madrid como un laboratorio de experimentos sociales y políticos.
La realidad es que España ha actuado de forma temeraria, acogiendo un riesgo que otros países rechazaron, solo para alimentar el ego de un presidente que prefiere ser aplaudido en Bruselas o Ginebra que respetado en su propia tierra. La soberanía española está siendo subastada al mejor postor, y este espectáculo sanitario es solo el último capítulo de una entrega por fascículos de nuestra seguridad.






