En una nueva demostración de intolerancia brutal, un grupo de unos 40 radicales izquierdistas ha intentado agredir al concejal de Vox en el Ayuntamiento de Barcelona, Gonzalo de Oro, mientras este participaba en la instalación de una carpa informativa en la Plaza de Osca, en el barrio de Sants. Este ataque no es un hecho aislado, sino un síntoma alarmante de cómo la izquierda radical, autoproclamada defensora de la libertad y la democracia, recurre a la violencia para silenciar voces opositoras. ¿Dónde queda el diálogo que tanto predican? Este incidente, ocurrido el 6 de noviembre de 2025, expone la doble moral de quienes gobiernan Cataluña y España, permitiendo que la agresividad callejera se convierta en norma contra la derecha.
Según relatan fuentes directas, los agresores lanzaron piedras, botellas y huevos contra la carpa de Vox, e incluso uno de ellos propinó un manotazo en la nuca a De Oro. El concejal afirmó haber sufrido esta agresión física mientras los Mossos d’Esquadra formaban un cordón para protegerlo y escoltarlo a un lugar seguro. «No nos van a intimidar. Vamos a seguir en cada barrio de Barcelona», declaró Gonzalo de Oro, reafirmando la determinación de Vox ante estos actos de odio político sistemático. Este episodio se produce apenas tres días después de que radicales independentistas intentaran asaltar una conferencia de la entidad constitucionalista S’ha Acabat en la Universidad de Barcelona, lo que evidencia un patrón de violencia orquestada contra todo lo que huela a patriotismo español.
Esta agresión no es solo un acto de vandalismo, sino un ataque directo a la libertad de expresión y al pluralismo democrático. La izquierda, que se erige como guardiana de los derechos humanos, muestra su verdadero rostro cuando se enfrenta a ideas contrarias. Fuentes recogen las palabras de De Oro: «Nadie nos va a callar, y nadie nos va a impedir hablar con los barceloneses cara a cara». ¿Por qué no hay condenas rotundas desde el PSOE o ERC? Su silencio es ensordecedor y sugiere complicidad. En contraste, Vox ha respondido con firmeza legal en incidentes previos, como afirma De Oro: «Cada agresión contra VOX encontrará respuesta firme y legal».
Desde el lado antifascista, figuras han defendido en el pasado acciones contra lo que llaman «fascismo», como en relatos donde antifascistas neutralizaron a un agresor armado en un acto. Sin embargo, en este caso, no hay arma alguna por parte de Vox; solo una carpa para dialogar con los ciudadanos. Esta justificación de la violencia bajo el pretexto de «antifascismo» revela una peligrosa deriva totalitaria. ¿Es democrático agredir a quien piensa diferente? La respuesta es un rotundo no. Fuentes destacan cómo el Ayuntamiento de Barcelona niega públicamente problemas de inseguridad mientras los reconoce en privado, alimentando un clima de impunidad.
Incidentes similares abundan en el historial: en 2019, se denunciaban ataques de CDR a actos de Vox en Barcelona o en 2023, amenazas de muerte en la Zona Franca: «Si quisiéramos, en este barrio te hubieran pegado 4 tiros». Estos patrones demuestran que la violencia contra Vox no es casual, sino estratégica para marginar a la oposición conservadora.
En definitiva, este intento de agresión subraya la necesidad de un cambio radical en la protección de la libertad política. Mientras la izquierda radical actúa con impunidad, Vox representa la resistencia cívica y legal. Es hora de cuestionar: ¿Quiénes son los verdaderos fascistas aquí?






