El Pontífice ha firmado este viernes varios decretos relacionados con causas de beatificación, entre los que destaca el reconocimiento del martirio de ochenta personas asesinadas en la diócesis de Santander en los años 1936 y 1937 por motivos religiosos.
Reconocimiento oficial del martirio de un amplio grupo víctimas de la represión religiosa
Entre los decretos firmados por León XIV se encuentra el que declara el martirio de Francisco González de Córdova y otros 79 compañeros. Este grupo está compuesto mayoritariamente por sacerdotes diocesanos, aunque también incluye religiosos carmelitas, seminaristas y laicos. La decisión papal permite avanzar hacia su beatificación, ya que el reconocimiento del martirio exime de la necesidad de probar un milagro.
Francisco González de Córdova, nacido en 1888 en Viérnoles (Cantabria), ejercía como párroco en Santoña cuando estalló la Guerra Civil. Según los documentos del proceso, decidió permanecer en su puesto a pesar de tener la posibilidad de marcharse. Las autoridades de entonces le impidieron realizar sus funciones habituales, como celebrar misa o atender a los enfermos, y la iglesia fue destinada a otros usos. Posteriormente fue detenido y recluido en el barco Alfonso Pérez, convertido en prisión flotante en la bahía de Santander. Allí continuó ejerciendo su labor espiritual con otros presos. El 27 de diciembre de 1936 fue ejecutado, habiendo pedido ser el último para poder confesar y bendecir a sus compañeros.
De los otros 79 mártires, 67 eran sacerdotes diocesanos de Santander, tres religiosos carmelitas, tres seminaristas y siete laicos, entre ellos un juez y un maestro. Todos ellos fueron asesinados en el contexto de la persecución religiosa que tuvo lugar en esa diócesis durante los primeros meses del conflicto.
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Dentro de este mismo decreto se incluye a Manuel Arizcun Moreno, natural del Valle de Baztán (Navarra). Este laico, padre de nueve hijos, destacó por su compromiso con la Acción Católica, llegando a ser presidente diocesano en Navarra. Se caracterizó por promover la formación cristiana y defender la enseñanza religiosa frente a las políticas de la época.
En el verano de 1936 se encontraba de vacaciones en Suances (Cantabria) con su familia cuando fue detenido. A pesar de ser consciente de los riesgos, rechazó esconderse. Tras ser arrestado por milicianos, se negó a renunciar a su fe y fue asesinado el 13 de noviembre de 1936, siendo arrojado al mar en la bahía de Santander. Sus restos fueron recuperados en 1939 y trasladados a Pamplona, donde reposan en la parroquia de San Agustín.
El proceso diocesano de su causa fue impulsado en Santander y ha culminado ahora con la aprobación papal. Manuel Arizcun representa el testimonio de los laicos católicos que vivieron con intensidad su fe en un periodo de fuerte convulsión social.
Otros avances en causas de santidad: la religiosa Ana Alberdi y decretos adicionales
Además del amplio grupo de mártires, el Papa firmó el decreto que reconoce las virtudes heroicas de la religiosa María Ana Alberdi Echezarreta (1912-1998). Nacida en Azcoitia (Guipúzcoa), ingresó con 19 años en el Monasterio de la Concepción Francisca en el barrio de La Latina de Madrid. Fue abadesa durante más de tres décadas (desde 1953 hasta 1990, con una breve interrupción). Este reconocimiento constituye un paso importante hacia su posible futura beatificación, pendiente ahora de la aprobación de un milagro atribuido a su intercesión.
En la misma audiencia, León XIV aprobó otros decretos relevantes. Entre ellos destaca el milagro atribuido a la intercesión del patriarca maronita Elías Hoyek (1843-1931), lo que abre la puerta a su próxima beatificación. También se reconocieron las virtudes heroicas del salesiano italiano Costantino Vendrame, misionero en India; del capuchino Nazareno da Pula, y del carmelita camerunés Jean-Thierry Ebogo.
Contexto histórico de los procesos de beatificación de mártires españoles
Los procesos de beatificación de víctimas de la persecución religiosa durante la Guerra Civil española han tenido un recorrido particular. En la década de 1960, el papa Pablo VI y los obispos españoles acordaron suspender temporalmente estos expedientes para evitar su posible instrumentalización política durante el franquismo. Los procesos se retomaron a principios de los años 80, coincidiendo con la Transición democrática y tras la visita de Juan Pablo II a España.
Desde 1987 se han beatificado 2.254 mártires españoles de este periodo. Once de ellos han sido posteriormente canonizados, entre los que se encuentran figuras como Pedro Poveda o Jaime Hilario Barbal.
El obispo de Santander, Arturo Ros, ha mostrado su alegría ante esta decisión y ha invitado a dar gracias por el testimonio de estos nuevos beatos y a pedir su intercesión para la diócesis.
Con esta aprobación, León XIV, que tiene previsto viajar a España el próximo 6 de junio, continúa impulsando causas de santidad vinculadas a la historia reciente de la Iglesia en el país.

