En plena conexión en directo desde los juzgados, el presentador de Mañaneros 360 en TVE, Javier Ruiz, vivió un momento incómodo cuando el excomisario José Manuel Villarejo le recordó una supuesta amistad pasada. Ruiz reaccionó con evidente nerviosismo, negando cualquier vínculo personal. Sin embargo, mensajes anteriores revelan un tono mucho más cercano y colaborativo entre ambos.
La negación en directo y el enfado de “Javierito”
Durante la cobertura del juicio por la operación Kitchen, una reportera de Mañaneros 360 preguntó a Villarejo. El excomisario respondió dirigiéndose directamente al presentador: “Dígale a Javierito que a mí no me contrató el PP, eso es mentira. Y además, Javierito, con lo buenos amigos que hemos sido en el pasado… parece mentira”.
Ruiz intervino de inmediato desde plató, visiblemente alterado: “No, no, no… ¿buenos amigos usted y yo? Ni nos conocemos. ¡Nunca en la vida! Usted es amigo de otros presentadores, se está equivocando”. Insistió en que solo hubo un contacto telefónico tras una información publicada sobre Villarejo y que jamás se habían visto ni tomado un café.
Más tarde, elevó el tono: “Absolutamente falso. Miente Villarejo. Jamás hemos tenido esa conversación. Es un embustero que además trabaja para quien trabaja”.
Esta reacción tan vehemente contrasta con las evidencias posteriores que demuestran una relación bastante más fluida.
Los mensajes que revelan la “mala memoria”
Según las grabaciones y transcripciones publicadas, Javier Ruiz mantenía conversaciones distendidas con Villarejo. En uno de los intercambios, el periodista le decía al excomisario: “No me das el coñazo, hablamos y si hay alguna novedad que vayamos a sacar te aviso”.
El tono era claramente amistoso y operativo: bromas incluidas y acuerdos para intercambiar información antes de publicarla. Ruiz parecía cómodo recibiendo datos del comisario y, a cambio, le advertía de posibles novedades en sus informaciones.
“No me das el coñazo” no suena precisamente a la distancia que ahora defiende el presentador. Estos mensajes demuestran que, lejos de rechazar el contacto, Ruiz lo cultivaba y lo utilizaba para su trabajo periodístico.
¿Doble rasero en la televisión pública?
El episodio pone de manifiesto el habitual doble estándar de ciertos periodistas de izquierda cuando se ven salpicados por sus propias fuentes. Mientras en otros casos se acusa sin piedad a quienes tienen cualquier roce con Villarejo, aquí se niega con vehemencia cualquier relación hasta que las pruebas salen a la luz.
Ruiz incluso reconoció de forma indirecta que era consciente de para quién trabajaba Villarejo y a quién pasaba información, pero eso no le impedía mantener el diálogo. Este tipo de prácticas cuestionan la credibilidad de quien presenta un programa en TVE con dinero de todos los españoles y que, supuestamente, debe mantener distancia con fuentes controvertidas.
En un país donde la prensa afín al PSOE y al sistema ha utilizado sin escrúpulos a Villarejo cuando le convenía, la amnesia selectiva de Ruiz resulta especialmente llamativa.





