Dedicado a Patricio Lons
Los españoles solemos pensar que la independencia de los españoles de América fue un hecho repentino cuando en realidad no fue así, el proceso de separación o lo que algunos llamamos guerra civil duró desde 1808 hasta 1833 y fue provocado por la invasión Napoleónica. En el caso de Argentina ese proceso duró unos 10 años, desde 1810 hasta 1820.

En los territorios entonces conocidos como Virreinato del Río de Plata, y que habían sido separados del Virreinato del Perú en 1778 por orden del rey Carlos III que además dispuso que la capital del virreinato se estableciera en la ciudad de Buenos Aires.
Empezó todo con lo que entonces se llamó la revolución de mayo. Aunque no, en realidad empezó antes. Empezó con las sublevaciones de la provincia de Charcas en 1809, (lo que se llamaron las revolucione de Chuqisaca y La Paz) que obligaron a enviar tropas acuarteladas en Buenos Aires. Unos meses después llegó a Buenos Aires la noticia de la caída de la Junta Central (en realidad se refugió en Cádiz), por lo que en Buenos Aires y al no haber fuerzas militares, decidieron crear su propia Junta el 25 de mayo. Esta Junta de Buenos Aires declaró que se constituía para defender los intereses de la corona.

Pero en la Junta Bonaerense rápidamente se formaron dos corrientes: una corriente masónica, influida por la independencia de les EEUU y otra corriente de inspiración católica, más tradicional y partidaria de la monarquía. Dentro de esa corriente estaba Manuel Belgrano. Abogado, periodista y conspirador partidario de la independencia americana.
Belgrano tenía el respeto de sus conciudadanos, ya que había tenido una actuación sobresaliente en la defensa de la ciudad contra los ingleses y había participado también en la Revolución de mayo de un modo sobresaliente. Sin embargo Belgrano, a pesar de ser partidario del librecambismo, era conservador y profundamente católico por lo que proponía establecer una monarquía en las nuevas provincias. Una monarquía que además debía ser borbónica, pero separada de la corona española. Es por eso que eligió como colores de la nueva bandera, que estableció en Rosario, los de la escarapela nacional, que en aquel momento era la de la orden de Carlos III, cuyos colores eran azul celeste y blanco. A pesar de que nunca se estableció esa monarquía se mantuvieron los colores y la bandera por consideración a Belgrano.

Eso forma parte de la historia de la España americana que en España no estudiamos y que deberíamos hacerlo. Entre otras cosas porque la historia de la España americana es apasionante desde el minuto uno hasta hoy.


