El 8 de febrero de 2026 quedará en la memoria de Podemos como la fecha de su sepelio definitivo en Aragón. La formación morada ha pasado de los 14 escaños que le convirtieron en tercera fuerza política de la comunidad en 2015 a ser un partido extraparlamentario sin respaldo institucional. El batacazo electoral no solo cierra su etapa en el parlamento aragonés, sino que evidencia el fracaso de una estrategia basada en la confrontación y la fanfarronada política.
De la gloria a la irrelevancia: la caída libre
Con apenas 1% de los votos (5.807 papeletas), la formación ha perdido el único escaño que conservaba tras los comicios de 2023 y ha sido superada incluso por opciones minoritarias como Se Acabó la Fiesta de Alvise Pérez. Este resultado supone el capítulo final de una década de declive:
- 2015 – 14 escaños
- 2019 – 5 escaños
- 2023 – 1 escaño
Ahora, simplemente, han desaparecido del mapa político regional.
La formación ya no tiene representación en nueve cámaras autonómicas, una situación que refleja el agotamiento de un proyecto que se ha visto atrapado entre la fragmentación de la izquierda y una estrategia comunicativa cada vez más alejada de las preocupaciones reales de los votantes.
La «teoría del reemplazo» y otras fanfarronadas
La campaña electoral en Aragón quedará marcada por las polémicas declaraciones de Irene Montero en un mitin en Zaragoza, apenas una semana antes de las elecciones. La eurodiputada y candidata de Podemos a unas eventuales generales propuso «barrer a los fachas» mediante lo que ella denominó una «teoría del reemplazo»:
«Ojalá podamos barrer de fachas y de racistas este país con gente migrante, con gente trabajadora. Claro que yo quiero que haya reemplazo: reemplazo de fachas, reemplazo de racistas, reemplazo de vividores, y que podamos hacerlo con gente trabajadora tenga el color de piel que tengan, sea china, negra o marrona».
La petición en plena campaña de «barrer España de votantes de derechas con un ejército de inmigrantes», representa una amenaza directa con tono despectivo, orientado al enfrentamiento y la intolerancia a otros ideales. Este discurso impositivo ha provocado rechazo desde, incluso, fuera de la derecha, y que ha pasado factura a la ultrafeminista.
Una secuela de desaciertos
El desastre aragonés no puede atribuirse exclusivamente a una intervención desafortunada. La lista de errores acumulados por la dirección de Podemos es larga: desde la Ley del «solo sí es sí» —que provocó rebajas de penas a agresores sexuales— hasta la polémica contratación de familiares en el Instituto Aragón de la Mujer que afectó a su candidata María Goikoetxea.
Montero ya había admitido en 2024 que «las cuestiones internas han sido el principal problema» en la evolución del partido, aunque entonces mantenía que «las razones y la esperanza siguen intactas». Un discurso endulzado que desembocó en una brutal colisión frontal ayer en Aragón, dado que esas esperanzas no se han traducido en apoyo social: el aislamiento de la formación, su negativa a acuerdos con CHA e IU, y su apuesta por un discurso de confrontación han dispersado el voto progresista, siendo Podemos quien se lleva las migajas de un rancho cada vez más pequeño
El precio de la irrelevancia
Mientras Podemos avanzaba al vacío, VOX y CHA duplicaban sus escaños, dibujando un nuevo mapa político en la comunidad que experimenta una reconfiguración a la derecha, mientras la izquierda fragmentada pierde capacidad de influencia institucional, y que se llena de azules y verdes, dejando al rotulador morado dentro de la caja de colores.
La secretaria general de Podemos, Ione Belarra, ha anunciado una «nueva etapa de reconstrucción orgánica» para el partido en Aragón. Más bien “otra reconstrucción orgánica”. Una reconstrucción difícilmente útil mientras la formación siga asociada a los desaciertos de figuras como Montero, cuyas declaraciones parecen más orientadas a reforzar la identidad de unos pocos fieles que a ampliar el techo electoral.
En política, las fanfarronadas pueden generar titulares, pero raramente ganan elecciones. El 8 de febrero lo ha demostrado, una vez más.






