El exgerente del PSOE, Mariano Moreno Pavón, no solo abandonó su cargo con un jugoso puesto en la empresa pública Enusa —con un sueldo de 245.000 euros anuales—, sino que se llevó consigo una copia explosiva de la contabilidad interna del partido. Según revelaciones exclusivas de El Debate, este archivo confidencial detalla pagos en metálico disfrazados de «notas de gasto» a Pedro Sánchez y a otros altos cargos socialistas, una práctica que el Tribunal Supremo califica como clave para desentrañar la presunta financiación irregular del PSOE. ¿Casualidad o maniobra para blindar secretos? La Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil ya lo rastrea, y el escándalo huele a corrupción sistémica.
Imaginemos la escena: en los días previos a su salida de la sede de Ferraz, Pavón realiza «varias copias de seguridad» de su ordenador, incluyendo un documento que registra pagos periódicos en sobres de dinero en efectivo, etiquetados como «desplazamientos», «reuniones de coordinación» o «gastos de representación». Entre los beneficiarios: el mismísimo presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, quien en una entrevista reciente en Cadena SER admitió haber cobrado «dietas internas» del partido, aunque juró que estaban «perfectamente justificadas». Pero, ¿justificadas ante quién? La UCO sostiene que Pavón no solo supervisaba estos flujos, sino que los autorizaba personalmente, y muchos no figuran en las liquidaciones oficiales auditadas por el Tribunal de Cuentas.
Este no es un titular aislado; es la punta del iceberg de una trama que conecta con el caso Koldo, donde sobres con miles de euros volaban hacia José Luis Ábalos y su asesor Koldo García sin respaldo documental. El juez Leopoldo Puente, del Tribunal Supremo, ha citado a Pavón para el 29 de octubre precisamente por estos «pagos en metálico de determinadas cantidades» que el PSOE omitió en sus informes. Fuentes judiciales, citadas por OK Diario, hablan de una caja B del PSOE al descubierto: «Ferraz hizo pagos a Ábalos sin respaldo documental». Y no acaba ahí: en plena pandemia, Pavón firmó junto a Ábalos y el ahora preso Santos Cerdán una donación de un millón de euros al Instituto de Salud Carlos III, una operación que la UCO califica de «sospechosa» por su opacidad.
Frente a este vendaval, la actual gerente del PSOE, Ana María Fuentes —nombrada en 2021 por la Comisión Ejecutiva Federal y convertida en la «máxima confianza» de Sánchez—, compareció el 23 de octubre ante la comisión del Senado sobre el caso Koldo. Su defensa fue un muro de negaciones: «En el PSOE no ha habido ningún pago que no esté documentado», insistió, asegurando que «todo el dinero procede de un origen legítimo, la caja para pagar en metálico» (según El Independiente). Admitió que Sánchez «ha podido cobrar del partido mediante transferencias y alguna vez en efectivo», pero evadió detalles: «No recuerdo si entregué sobres con dinero a Pedro Sánchez», soltó en una comparecencia que El Diario Alerta tildó de «explosiva». Fuentes incluso reconoció que siguió pagando en sobres hasta finales de 2024, superando el límite de 1.000 euros que el propio PSOE impulsó en el Congreso para combatir el fraude fiscal (ABC).
Pero, ¿es creíble esta narrativa de transparencia cuando la UCO ha identificado «descuadres» en los pagos a Ábalos y Koldo, y el PP exige al Supremo los extractos bancarios de la caja del PSOE desde 2017?
Este caso no es solo sobre sobres y metálico; es un debate sobre la podredumbre en el corazón del poder. El PSOE, que se erige como baluarte contra la corrupción, acumula sombras: desde los amaños de contratos en el caso Koldo hasta esta contabilidad paralela que huele a impunidad. ¿Cuánto más durará el silencio de Sánchez, quien en su entrevista evadió el meollo? Fuentes progresistas como La Vanguardia insisten en que «no existe una contabilidad B» y que «cada euro tiene un origen lícito», pero los hechos gritan lo contrario. Si el Tribunal Supremo confirma irregularidades, no solo caerán cabezas en Ferraz; se cuestionará la legitimidad de un Gobierno que predica moralidad mientras sus finanzas bailan al ritmo del efectivo opaco.
En última instancia, este escándalo invita a una reflexión profunda: ¿puede un partido que oculta copias de pagos irregulares liderar la regeneración ética de España? La ciudadanía merece respuestas, no excusas. La UCO y el Supremo deben actuar con celeridad; de lo contrario, la desconfianza en nuestras instituciones se convertirá en cinismo generalizado.






