Madrid, 29 de febrero de 1972.
Un día bisiesto, una broma pesada del calendario, un error que solo ocurre cada cuatro años. Pedro nació en una ciudad que olía a humo y a asfalto viejo, en el barrio de Tetuán, un lugar donde las sombras se alargan y las ambiciones se cocinan a fuego lento.
Sus padres
Sus padres eran el retrato perfecto de esa clase media que nació con el franquismo y que venía de los puebles y de los suburbios. El padre vino del pueblo (manchego de nacimiento, de Anchuras en Ciudad Real) y como ya nadie se metía al seminario se hizo bancario, de los de antes. De visera y manguito.
También se hizo del PSOE. Era el momento oportuno y acabó dedicándose a la gestión pública, ocupando cargos en el Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM) del Ministerio de Cultura. No sabíamos si las aficiones de David, el hermano pequeño vienen de ahí o el padre de Pedro ya tenía aficiones melómanas.
Más tarde, se dedicó a la empresa privada como administrador único de Playbol SA, dedicada al embalaje industrial. Esta empresa, como todo lo de Pedro, se hizo famosa por diversos chanchullos. Pedro siempre va detrás del camión de la basura.

Su madre, Magdalena Pérez-Castejón Barrios, era una funcionaria de la Seguridad Social, alguien que pasaba el día contando los naufragios de otros en formularios oficiales, eso sí con el mérito de hacer la carrera de derecho a los 40. Se habían casado por la iglesia en agosto de 1971, cuando el incienso todavía servía para tapar las grietas de una España que se caía a pedazos, siguiendo las normas de la época. A Pedro lo bautizaron y lo llevaron a la Primera Comunión, no por fe, sino por inercia, por ese teatro católico que los padres representan para no quedar mal con los vecinos. Aunque luego él diría que es ateo, la marca del agua bendita por compromiso se queda ahí, como una mancha de vino barato que no sale.
El niño creció estirándose como una mala hierba
El niño creció estirándose como una mala hierba. Llegó al metro noventa. Un tipo imponente físicamente, pero por dentro había un vacío que no llenaba ningún libro. Fue al colegio Santa Cristina, en Chamartín (vivero del Real Madrid basket), y los que estaban allí no recuerdan a un genio, sino a un alumno mediocre, un tipo del montón que no brillaba por su intelecto. Era un estudiante de notas normales, nada del otro mundo, alguien que pasaba los días mirando por la ventana esperando que el reloj avanzara. Lo suyo no era la biblioteca; lo suyo era el parqué. Jugó al baloncesto en la cantera del Estudiantes hasta los 21 años. Correr de un lado a otro, encestar una pelota naranja, sudar en vestuarios que huelen a linimento y a derrota. Esa fue su verdadera escuela: la disciplina de la altura, el cuerpo sobre la mente.
Luego vino el instituto Ramiro de Maeztu. Allí, el rastro de su paso es una mancha de opacidad. No hay promedios, no hay sobresalientes, no hay nada que sugiera que aquel chico alto tuviera algo interesante que decir sobre el mundo. Presume del prestigio del centro, pero se guarda las notas en el bolsillo de atrás, donde se guardan las cosas que uno prefiere que nadie mire demasiado de cerca.
Formación académica
Para su formación académica, eligió el camino más cómodo, el que no tiene baches ni demasiada competencia. En lugar de pelearse en la universidad pública masificada de los noventa, se refugió en el Real Centro Universitario María Cristina, un sitio privado en El Escorial, adscrito a la Complutense pero con un prestigio de segunda división. Allí se licenció en Ciencias Económicas en 1995, sin hacer demasiado ruido, como quien cruza una habitación a oscuras intentando no tropezar con los muebles.

Después, el periplo internacional para engordar el currículum. Se fue a Bruselas a hacer un máster en política económica. No es que le importara Europa, es que le importaba cómo se veía el nombre de Bruselas en un papel impreso. Trabajó como asesor en el Parlamento Europeo con Bárbara Dührkop, la mujer del asesinado, por los perros etarras, Enrique Casas y luego en Bosnia con Carlos Westendorp, alguien importante en la diplomacia del PSOE. Ventajas de tener un papá sociata de los de antes, de los Felipe González.
Estuvo allí, en los pasillos donde se decide el destino de la gente mientras se toma café caro, aprendiendo el lenguaje de los tecnócratas, esa jerga vacía que sirve para hablar durante horas sin decir absolutamente nada.
El joven Pedro
El joven Pedro era un hortera de bolera, un discotequero ocupado en su apariencia constantemente, alguien que preocupaba a sus padres. ¡Quién les iba a decir! Le gustaba ir a Ibiza, a las discotecas. Incluso se echó una novia temporalmente: Carmen C. Una azafata, guapa por supuesto, que, con 1,75 de altura y porte de modelo, fue Miss Pachá y Miss Ibiza-Formentera. Ella ha aportado fotos de ambos en discotecas como el KM5 y el Dome (locales emblemáticos de la Ibiza nocturna de los 90). Las imágenes muestran a un Sánchez joven, con pelo engominado y estilo…, digamos que… de la época.
*Biografía de una «Feministra»
Según el testimonio de Carmen, fueron pareja durante unos meses. Lo describe como “un chico maravilloso, divertido, educado y respetuoso” que incluso le presentó a sus padres. Ella era azafata de vuelo y él viajaba mucho. Compartieron salidas por la isla en esa etapa de juventud. No hay constancia de veraneos largos o familiares en Ibiza durante su adolescencia (etapa del Ramiro de Maeztu y baloncesto en el Estudiantes), pero sí escapadas o estancias puntuales ligadas al ocio y la noche ibicenca, típicas de muchos jóvenes madrileños de la época que buscaban la fiesta mediterránea.
Y, todo hay que decirlo, Pedro posteriormente se portó bien con ella. Ante una llamada de socorro evitó que la desahuciaran de su casa, ya casada y separada. Parece que Pedro es amigo de sus amigos… de la juventud.
El gran acto de su incultura

Pero el gran acto de su incultura y su ambición de trepa llegaría años más tarde, con el doctorado. Se doctoró en 2012 por la Universidad Camilo José Cela, una institución privada de reciente creación y prestigio escaso, de esas que parecen más una tienda de títulos que un templo del saber. Defendió una tesis sobre diplomacia económica que olía a chamusquina desde el primer párrafo. Luego se supo la verdad: era un trabajo de «copia y pega», una recopilación de informes del gobierno, artículos propios ya publicados y textos de otros autores sin la cita debida. Decenas de párrafos robados, una falta de rigor que daba náuseas a cualquier académico con un poco de dignidad. El tribunal que le dio el sobresaliente cum laude era mediocre, compuesto por doctores recientes y hasta un coautor de sus propios artículos. Fue un fraude, una estructura de informe político disfrazada de tesis doctoral para que el trepa pudiera ponerse el título de «Doctor» antes de saltar al asalto final del poder. Y es que Pedro ya había aprendido como se hacen las cosas en política.
Su paso por el ejército
Incluso su paso por el ejército fue un trámite gris. Hizo el CIR en Cáceres y terminó en Madrid, en el Servicio Geográfico del Ejército, un sitio para enchufados, sellando mapas y contando los días para volver a la calle a seguir escalando. No había pasión en nada de lo que hacía, solo una fría estrategia de supervivencia y ascenso.
Conclusión
Pedro no era el hombre que leía a los clásicos en una habitación llena de humo de cigarrillo; era el hombre que se miraba en el espejo del baño para ensayar la sonrisa que le daría el siguiente voto. Un tipo «inculto» que subordinó cualquier rastro de formación académica a la ambición política, obteniendo títulos en centros privados donde el escrutinio es un chiste de mal gusto. Su juventud fue un largo ensayo para la gran mentira, el camino de un tipo que sabía que en este mundo, a veces, basta con ser alto, parecer telegénico y no tener demasiados escrúpulos para llegar a la cima. En Tetuán empezó todo, y la sombra de aquel chico mediocre que no leía pero sabía a quién arrimarse, terminó cubriéndolo todo.







igual que su primer financiador, Alexander Soros todo fachada, mujer musulmana fake mayor que el, ex colaboradora de clinton, Obama y biden . luego tienes más jefes, no le importa la injerencia extranjera ni la deuda que no para de subir, es un psicópata de libro.