Vox nace por pura simetría demoscópica: si hay algo a la izquierda del PSOE, por fuerza tiene que haber algo a la derecha del PP. Se hizo el experimento y el resultado fue exitoso: había un nicho en torno al patriotismo, la inmigración, el hartazgo del wokismo y la irritante socialdemocracia tibia de Rajoy. Los problemas comenzaron cuando hubo que articular dicho espacio según las normas de nuestro sistema electoral y parlamentario, que es un ecosistema pensado solo para determinado tipo de artefactos políticos con determinado tipo de articulación territorial y determinado papel en el show-system mediático. Nadie que discuta de raíz los parámetros del sistema puede ser tolerado por el sistema. Hay que aparecer en El hormiguero, hay que encontrar un encaje en la política regional, hay que armar un discurso económico que no alarme al cártel bancario mafioso. Las estructuras de poder son las que son y hay que optar entre rechazarlas de plano o intentar acceder a ellas acatando sus reglas.
El voto a Vox es hoy en día un voto rebelde y contestatario, con un ramalazo juvenil más que saludable. Pero sobre todo es un voto a la contra, atrapado en una retórica de “nosotros contra ellos” y estampas de Don Pelayo. Vox ahora mismo no proyecta una superación del esquema de las dos Españas, sino su elevación a categoría fundacional. Dicho en clave histórica, está repitiendo curso por no haber hecho los deberes y no haber entendido a Ortega y Gasset, a José Antonio, a Unamuno. Cuando ha tenido que ensamblar una propuesta ideológica le ha salido un batiburrillo entre liberalismo, simbología futbolera, himnos legionarios y catolicismo folklórico, con un enervante aliño de Tiktoks facilones. Las cuestiones relativas al hiper liderazgo de Abascal y las purgas de estos últimos meses nacen exactamente de ahí, de la incapacidad para canalizar ideologicamente el empuje electoral del ciudadano exasperado por los desmanes de la izquierda.
El problema no son los personalismos, el problema es que contra el sanchismo estamos todos de acuerdo, pero una vez caigan los falsos ídolos habrá que ver cómo se construye la convivencia. El paisaje actual del anti sanchismo lo dice todo. El día después, ¿van a seguir en el mismo frente Dani Desokupa, Roberto Vaquero, Silvia Orriols o Lucía Etxeberría? La alianza es temporal, debida a la alarmante coyuntura. Lo mismo sucede en el interior de Vox, con su sopa de post falangistas, angloliberales, sargentos chusqueros e influencers de colegio mayor.
La verdad es áspera, pero al fin y al cabo es la verdad. En el eje izquierda / derecha no hay nada de provecho. Hay que discutir de raíz el sistema de partidos (el famoso combo de sufragio y parlamentarismo nacido de la idea de representación), el sistema monetario como forma de esclavitud económica y la restauración del valor público de la tradición religiosa. Eso implica una superación clara de los dogmas del liberalismo ilustrado del XVIII, que nos han traído hasta aquí. Todo lo demás son aspirinas y buenas palabritas.







Comentarios 1