La distancia entre el pasado del movimiento 15M y la realidad presente de Irene Montero
Irene Montero ya no representa lo mismo que en la época del 15M. En aquellos momentos del movimiento, un simple vaquero le bastaba para salir a la calle y no necesitaba ningún tipo de niñera proporcionada por algún gobierno. ¡Ah, no! Que no era niñera lo que puso el gobierno… Cabe precisar que no se trataba exactamente de una niñera, pero el contraste con la situación actual es evidente y marca un antes y un después en su trayectoria pública. Llegan tiempos complicados para Podemos y, de forma especial, más complicados aún para Irene Montero. Mientras uno de los miembros de la pareja, que entonces estaba de moda, intenta sobrevivir saliendo en su cámara de eco mediática —de la que, por cierto, no logra salir—, el otro, o más bien la otra, busca en las elecciones alguna oportunidad que le permita mantenerse. Esta dinámica refleja cómo las figuras que surgieron con fuerza en aquella etapa ahora enfrentan un escenario mucho más exigente y menos favorable.
En su momento de juventud, Irene Montero encarnaba un discurso que conectaba con jóvenes ilusionados que absorbían sus palabras bonitas y loables. Ella aparecía como la duquesa europea que rechazaba la casta tradicional y optaba por un estilo que contrastaba con decisiones posteriores como la de residir en Galapagar. Aquellos seguidores bebían de mensajes que parecían llenos de ideales renovadores. Sin embargo, con el paso del tiempo, esos mismos jóvenes han crecido y, observando con sus propios ojos, han percibido una figura que resulta ser un esperpento mediático, incapaz de mantener coherencia y mucho menos de aplicar de forma práctica cualquiera de las ideas que expone. Este proceso natural de maduración ha generado una distancia cada vez mayor entre la imagen inicial y la percepción actual. Desde hablar a una cuchara hasta defender que los jueces son todos unos machistas misóginos que no han querido aplicar bien su ley coladero de violadores, las posiciones han contribuido a que Irene Montero se vea hoy más sola que nunca y busque cualquier espantapájaros al que agarrarse, siempre que este salga en la tele.
El fervor antitodo que la caracterizaba ha marcado muchas de sus intervenciones, pero también ha dejado al descubierto limitaciones a la hora de generar adhesiones sostenidas. La pareja política que formaba parte del panorama de moda en su día ahora se enfrenta a la necesidad de reinventarse en un entorno donde el apoyo popular no es el mismo de antes. Uno se refugia en circuitos mediáticos cerrados mientras la otra intenta encontrar un espacio electoral que le proporcione continuidad.
El intento de apoyo a Mónica Oltra y el resultado del acto en Valencia como muestra de cambio generacional
En su absoluto fervor antitodo, Irene Montero pensó en relanzar la figura de Mónica Oltra. Sin embargo, el público respondió de forma clara: pon a otra. Prácticamente desierto quedó el mitin de Valencia donde Irene iba a dar apoyo a Mónica Oltra. Este acto, que pretendía servir de plataforma de respaldo, terminó convirtiéndose en un reflejo de la pérdida de tirón que ha experimentado la dirigente. Recordemos que Mónica Oltra ha tenido un eco mínimo por estar en medio del caso de las menores tuteladas y el presunto encubrimiento de un exmarido en lo que podría llamarse, irónicamente, un escollo, por no llamar por su nombre al asunto que sonaría terriblemente feo. Irene Montero decidió transformar esa piedra en el zapato en una reivindicación de una pobre mujer perseguida por la prensa, presentando a Mónica Oltra prácticamente como una mártir.
El otro día, en un libro, se presentó de esa manera a Oltra, como una mujer necesitada del apoyo feminista por encima de cualquier causa judicial. Esta estrategia buscaba priorizar el relato de persecución mediática por encima de otros elementos, pero el resultado en Valencia demostró que el mensaje no caló como se esperaba. El mitin se desarrolló con una asistencia mínima: cuatro gatos y el del tambor se juntaron allí. El fotógrafo tuvo que sudar la gota gorda para intentar disimular las sillas vacías en las tomas, los huecos evidentes en las explanadas y la avalancha de palomas que ocupaban el espacio donde deberían haber estado los asistentes. Esa imagen de explanadas semivacías con palomas en lugar de militantes resume mejor que cualquier declaración el momento actual de Irene Montero en la política.
De todas formas, no está claro si habría valido la pena asistir al mitin para un ferviente podemita, si al fin y al cabo, Irene no iba a hablar en valenciano. El acto, que buscaba conectar con el público local, terminó dejando la sensación de desconexión y cutrez aguda. Aquellos jóvenes ilusos del 15M que en su día bebían de los discursos ahora, ya crecidos, han demostrado con su ausencia que la capacidad de convocatoria ha cambiado drásticamente. El contraste entre la movilización de antaño, que la llevó al ministerio, y la realidad de Valencia pone de relieve cómo la generación que apoyó inicialmente esos mensajes ha evolucionado y ya no responde de la misma forma. Esta situación no es solo numérica; representa un cambio profundo en la relación entre la dirigente y su antigua base social.
El intento de relanzamiento a través de Mónica Oltra buscaba generar un efecto positivo, pero el desierto del mitin confirmó que la estrategia no funcionó como se esperaba. La presentación de Oltra como figura perseguida y la llamada al apoyo feminista por encima de cualquier otra consideración no lograron revertir la tendencia. Al contrario, el acto se convirtió en una evidencia más de que los tiempos han cambiado y de que las viejas fórmulas ya no generan el mismo entusiasmo.
Las señales del principio del fin para la era de Podemos y sus figuras emblemáticas
Eso es Irene Montero hoy: ni Valencia ni nada. Los antiguos seguidores han madurado y han visto con claridad las incoherencias que antes pasaban desapercibidas.
Desde su etapa como cajera en que rechazaba la casta hasta el actual ducado europeo, está en búsqueda de cualquier figura que aparezca en televisión para agarrarse a ella, su recorrido muestra un declive visible. Este panorama se asemeja al que vive el gobierno de Sánchez, donde también se percibe el principio del fin de la era de los inberbes.
*Biografía de una «feministra» | Última Hora y Noticias de España | Nuestra España







Comentarios 1