En un movimiento que ha hecho saltar todas las alarmas en el establishment bipartidista, Vox ha ejecutado un cambio estratégico que promete catapultar al partido hacia nuevas alturas. La sustitución de Javier Ortega Smith como portavoz adjunto en el Congreso por el joven Carlos Hernández Quero no es un error, sino un golpe maestro inspirado en el exitoso modelo de Marine Le Pen en Francia. Este relevo, lejos de ser un «desastre» como claman algunos en las redes, forma parte de un proceso de evolución que ya ha demostrado su eficacia al otro lado de los Pirineos, donde el Rassemblement National (RN) lidera las encuestas con una ventaja abrumadora.
Recordemos los hechos: esta semana, Vox ha relevado a Ortega Smith, un veterano desde la fundación del partido, por Hernández Quero, un perfil fresco, doctor en Historia Contemporánea y diputado por Málaga, que representa una renovación ideológica y generacional. No infravaloremos la labor heroica de Ortega Smith, quien incluso se enfrentó a los desafíos en Gibraltar para defender intereses nacionales, pero en tiempos confusos donde intereses oscuros buscan frenar el crecimiento de Vox y convertirlo en mera «muleta» del Partido Popular (PP), este cambio es necesario. Feijóo jamás aceptaría una coalición con Abascal, como es evidente, por lo que Vox debe enfocarse en su expansión exponencial, sin ataduras.
Miren a Francia: el RN de Le Pen, aliado de Vox en el grupo Patriots for Europe, arrasa en las encuestas. Según los últimos sondeos de noviembre de 2025, el partido lidera con más del 35% de intención de voto, sacando hasta 20 puntos al segundo, el Ensemble de Macron, empatado con la extrema izquierda de Mélenchon. Este éxito no es casual: Le Pen transformó su partido, deshaciéndose de perfiles controvertidos y atrayendo a un electorado más amplio, superando campañas de miedo orquestadas por la izquierda. Abascal, con visión internacional, replica este modelo ganador, y los resultados no tardarán en verse en España.
Pero este cambio ha desatado el pánico en la izquierda sanchista. El mejor indicador de acierto es el nerviosismo de los adversarios. Antonio Maestre, el radical de La Sexta, alertaba: «Ojo con él [Hernández Quero], está muy preparado y es extremadamente inteligente». Maestre reconoce que el perfil de Hernández Quero –educado, tranquilo, pero contundente– es letal para la izquierda, ya que disputa terrenos obreros tradicionalmente rojos. Esto no es renovación, es conquista: Vox pasa de los barrios pijos a los obreros, y lo hace bien, como admite incluso la oposición.
Críticos internos y externos intentan sembrar dudas. Ortega Smith ha calificado la decisión de «equivocada e injusta», pero Abascal responde con firmeza: hay que «ceder paso» a compañeros talentosos, ya que Vox tiene un «gran banquillo». Desde el PP, voces afirman que es una «purga» autoritaria, pero ¿acaso no es hipocresía? El bipartidismo tiembla ante un Vox en ascenso, libre de ataduras. Medios «antivox» –la mayoría, controlados por izquierda – amplifican críticas, pero ignoran el crecimiento exponencial del partido. No es descartable que Vox se convierta en la opción preferida de los españoles en un plazo breve, al igual que el RN en Francia.






