Uno de mis jefes decía mucho aquello de “liberalismo, más de lo mismo”, si me lee seguro se siente aludido. Hace unos años nadie entendería esta frase tan bien como ahora. Efectivamente el #liberalismo es una palabra tan vaga como ancha, en la que cabe todo aquello que suena bonito, todo aquello que rima con “izquierda caca”. Y es que nos hemos acostumbrado a escuchar tertulias, invitados, expertos, politólogos, gente de la farándula política decir y repetir de millones de formas diferentes que la izquierda “es caca, no toques”. Sí, nos hablan como a críos, como si no nos diéramos cuenta de que nos dicen lo mismo sesenta veces con palabras distintas, pero igual de superficial y vacío.
Los argumentos basados en las 4 verdades que se saben, sin análisis y sin más datos que los que repiten todos como papagayos, 4 datos fáciles de recordar que no vaya a ser que aburramos a quienes no son buenos en matemáticas. Todo por mantener la audiencia con tasa de retención en youtube. Nada nuevo bajo el sol y nada nuevo bajo la «derecha» actual.
Hasta #Ayuso gana adeptos por decir lo mismo que dice la derecha de verdad, porque coge los grandes rasgos y los repite hasta la saciedad aunque luego haga lo que hace el otro lado de la balanza. Somos niños y nos lo creemos todo, no nos paramos a mirar si lo que dice lo hace o si hace lo que dice. Vivimos en los mundos de unicornios, polvo de hada y purpurina donde nadie miente y todos son buenos, sobre todo el PP de Ayuso.
El ciudadano, ya más que diseccionado en su forma de actuar, es completamente previsible: la publicidad tipo mantra funciona. Por eso no se saca una comparativa entre la ley trans del PP de Madrid y la nacional, no se saca la defensa a la vida junto a la financiación de clínicas abortistas, no se saca el gasto completo de chiringuitos, entes, organismos, asociaciones y demás succionadores de dinero público en las gradas de los mítines no sea que vean que la CAM es lo mismo que lo no-CAM. No hace falta contar el número de observatorios que no sirven para nada más que para pagar inútiles, ni tampoco sumar los millones que se diluyen en sus manos si con solo decir «caca» vale.
Basta y malsonante, es una palabra que siempre me ha generado rechazo, incluso para hablar de la izquierda, porque su uso simboliza la edad mental de niños de pañal. Así nos tratan, así nos hablan los medios, así nos convencen, y así nos engañan. Sin esfuerzo, sin cansarse y sin objeciones. Por eso hay que salir del “izquierda caca” y volver a la precisión, a la elegancia y al análisis objetivo y sectorial para adultos. Adultos. La clave es hablar para los que piensan razonando, que son los que entenderán el peligro zurdo, los aplausos de foca dejémoslo para todo el resto.






