El jueves sucedió algo que no ocurre todos los días: pudimos saber lo que piensa don Alberto Núñez #Feijóo sobre una cuestión. En concreto, a don Alberto le pareció conveniente publicar una especie de carta en sus redes sociales, en la que aclaraba que no era partidario de modificar una coma de la legislación actual sobre el aborto. Con cierto paternalismo de estar por casa, acusaba al PSOE de querer distraer la atención y luego se despedía del respetable con una mención a la unión civil.
Suponemos que, después de este colosal ejercicio de asertividad, don Alberto se retirará un par de semanas para reponerse del esfuerzo. El hombre no está acostumbrado a estos excesos de hiper actividad. Quizás durante el periodo de descanso pueda proseguir con su cómico proceso de acicalamiento, escogiendo un nuevo tinte para el pelo o cambiando de crema hidratante. Quién sabe.
En cualquier caso, es de agradecer que el PP deje bien claro que en absoluto va a combatir los elementos básicos de la socialdemocracia ruinosa que está llevando España a la total decadencia.
Ni modificarán la ley del aborto, ni la legislación LGTB (recordemos el entusiasmo con que el PP celebra el Orgullo Gay cada verano) ni cerrarán los medios de comunicación públicos, ni reestablecerán el control de las fronteras ni nada de nada. Cambiaremos el griterío pachanguero de la vicepresidenta Montero por la bobería gélida de Cuca Gamarra, las ñoñerías de Yolanda Díaz por las filípicas inútiles de Cayetana y todo lo demás seguirá más o menos igual.
El problema de España no es el PSOE, como creen muchos, porque el PSOE al menos no se esconde y anuncia su maldad a los cuatro vientos, con toda naturalidad. El problema es que la alternativa que nos propone el sistema (la partitocracia globalista) es una versión azul de lo mismo. La realidad es que no hay alternancia posible en España. Tenemos que escoger entre una socialdemocracia bolivariana y una merckeliana. Cada cuatro años, para no molestar mucho.
La pregunta es, sin don Alberto es tan favorable a la legislación actual sobre el aborto, que lo reconoce como derecho, ¿qué argumentos podría tener para oponerse a la pretensión de Sánchez de fijar ese derecho en la Constitución? Ninguno, cero absoluto. Acabada la comedia veraniega de la flotilla (da gusto ver cómo se han repuesto los activistas tan rápidamente al terrorífico maltrato de las IDF) ahora se nos proponen estas lucecitas de verbena para que estemos entretenidos: el aborto, nada más y nada menos que el aborto. Vendrán horas de Ferreras y Canal Red y homilías de Intxaurrondo, mientras las calles siguen llenas de africanos enloquecidos y macheteros en general, mientras la inflación lo devora todo y nadie puede pagar un alquiler, mientras en las aulas se sigue enseñando que hay mujeres con pene, mientras se impone el menú Halal en los comedores escolares. Don Alberto, sepa que al menos a nosotros no nos engaña.







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