En un país donde los transportes colapsan, las colas en las paradas de autobús se extienden como serpientes infinitas y el trabajador de a pie sufre las consecuencias, España amanece hoy, 15 de octubre de 2025, bajo el yugo de una huelga general convocada en «apoyo al pueblo palestino». Esta huelga, impulsada por sindicatos como la Confederación General del Trabajo (CGT) y respaldada por sectores izquierdistas, no solo ignora los problemas acuciantes de los españoles –como el paro rampante, la inflación desbocada y la crisis habitacional–, sino que parece un ejercicio de cinismo ideológico diseñado para distraer de las miserias locales. Mientras los manifestantes gritan por una Palestina lejana, ¿Quién defiende a los españoles que no pueden llegar a su trabajo?, ¿Qué pasa con los ciudadanos que no pueden acceder a una vivienda?, ¿Qué ocurre con las víctimas diarias que sufren el aumento de delincuencia en nuestras ciudades?
La huelga ha generado un caos previsible: transportes públicos operando al 50% o menos en regiones como Andalucía y Cataluña, con piquetes cortando accesos y cancelaciones masivas en trenes y metros. En Granada, por ejemplo, el impacto ha sido «escaso» en la mañana, pero con retrasos en hora punta que afectan a miles de ciudadanos. En el País Vasco, los servicios mínimos se fijan en un 30% para transporte y sanidad, dejando a los vulnerables expuestos. Y todo esto, ironía suprema, dos días después de un acuerdo de paz entre Israel y Hamás que entró en vigor el 10 de octubre, con liberación de rehenes y un alto al fuego ratificado por potencias como EE.UU., Qatar y Egipto. ¿Por qué persistir en una protesta que ya parece obsoleta?
Pero vayamos al meollo del debate: ¿por qué priorizar una causa extranjera cuando España se desmorona internamente? Usuarios en redes no dudan en confrontar esta hipocresía. Un post viral resume el sentir: «Sanidad en quiebra, educación por los suelos, inseguridad ciudadana, salarios de mierda, crisis de vivienda, alquileres disparados… Pero la huelga es por Palestina. La izquierda da asco.» Otro añade: «Ni una puta huelga general en años y en uno de los peores momentos que recuerdo de acceso a la vivienda, de estancamiento salarial absoluto, hacen una huelga por Palestina. El mayor ejercicio de cinismo de la historia.» Estas voces representan a millones de españoles que ven cómo la izquierda radical blanquea a Hamás mientras ignora el paro más alto del mundo desarrollado y la corrupción galopante.
Y mientras España se paraliza por una «solidaridad» selectiva, Gaza se sumerge en una guerra civil . Tras el alto al fuego, los enfrentamientos entre Hamás y clanes locales han estallado, con ejecuciones y quema de casas en zonas evacuadas por Israel. Esta realidad interna desmonta el relato victimista: Hamás no defiende a los palestinos, sino que los somete, como evidencian los ajustes de cuentas post-paz.
En definitiva, se revela que la izquierda está completamente desconectada de la realidad española, que prefiere el postureo internacional antes que afrontar los problemas de su propio país. Es hora de priorizar: España primero, siempre.






