En un revés contundente para el Gobierno de Pedro Sánchez, el Tribunal Supremo ha rechazado los recursos de apelación de José Luis Ábalos, confirmando su procesamiento por presunta corrupción en el caso de las mascarillas. Esta decisión acelera su suspensión como diputado, restando un voto clave al PSOE y exponiendo las grietas en su mayoría parlamentaria. Lejos de ser un caso aislado, este episodio revela la doble moral de la izquierda, que denuncia «fango» en la oposición mientras ignora la podredumbre en sus propias filas.
La Sala de lo Penal del Tribunal Supremo desestimó los recursos de Ábalos y su exasesor Koldo García contra el auto de pase a procedimiento abreviado dictado por el magistrado Leopoldo Puente. Según la nota oficial, la resolución destaca «indicios bastantes de responsabilidad criminal» y rechaza argumentos que se consideran prematuros para el juicio oral. «La Sala de lo Penal del Tribunal Supremo ha desestimado los recursos de apelación presentados por los investigados José Luis Ábalos y Koldo García», detalla el comunicado del Poder Judicial.
Este fallo allana el camino para que Ábalos enfrente el banquillo, con acusaciones que incluyen organización criminal y lucrarse con contratos públicos durante la pandemia. El «robusto arsenal» de indicios contra él, como lo califica el Supremo, precipita su suspensión inmediata en el Congreso. Fuentes como El Mundo confirman: «El Supremo confirma el procesamiento de Ábalos: da vía libre al juez para sentarlo en el banquillo y ya no podrá cobrar ni votar como diputado».
La Mesa del Congreso, presidida por Francina Armengol, actuó con rapidez al recibir la notificación del Supremo. Ábalos pierde su sueldo parlamentario y el derecho al voto, aunque conserva el acta de diputado hasta una sentencia firme. Esta medida debilita al PSOE en votaciones cruciales, donde cada escaño cuenta para mantener alianzas frágiles con independentistas.
Pero el debate va más allá de lo judicial. ¿Por qué el PSOE, que se erige en guardián de la ética, permite que exministros como Ábalos manchen su imagen mientras ataca a la derecha por supuestos casos menores? Esta hipocresía invita a cuestionar si la izquierda aplica un rasero diferente cuando el escándalo toca a los suyos.
En última instancia, el caso Ábalos no es solo un procesamiento; es la evidencia de un sistema donde la izquierda prioriza el poder sobre cualquier cosa. Mientras Sánchez maniobra para sobrevivir, esta suspensión podría inclinar balanzas en plenos clave ¿hasta cuándo toleraremos esta erosión de la confianza en las instituciones?






