En un nuevo golpe de teatro independentista que roza lo delirante, el Consell de la República –ese ente paralelo financiado con dinero público y liderado por el fugado Carles Puigdemont– ha lanzado una propuesta que no solo desafía la lógica, sino que busca fracturar aún más la unidad de España. Presidido por Jordi Domingo, este «chiringuito» separatista pretende que Cataluña adopte un huso horario propio, restando una hora al oficial peninsular, alegando que el actual es un «legado franquista». ¿Es esto un paso hacia la soberanía o simplemente una maniobra distractora en medio de la crisis económica y social que azota la región? Como medio comprometido con la verdad y la unidad nacional, confrontamos esta idea con hechos, historia y sentido común, abriendo el debate sobre si el independentismo ha perdido no solo el norte, sino también la hora.
La propuesta, aireada en plenas tensiones políticas, no es más que un intento de reescribir la historia para justificar la división. Según Jordi Domingo, el horario español actual –el mismo que comparte con la mayor parte de Europa continental– es una «imposición del franquismo». «El español es un legado del franquismo», ha declarado Domingo, defendiendo que Cataluña debería alinearse con el meridiano de Greenwich para «recuperar la soberanía temporal» . Esta afirmación, recogida en medios como Gaceta.es, ignora deliberadamente el contexto histórico real. Sí, es cierto que en 1940, durante la dictadura de Franco, España ajustó su hora para sincronizarse con la Alemania nazi, pero este cambio se ha mantenido por razones prácticas de integración europea, no por un capricho ideológico perpetuo.
¿Por qué no debatimos los verdaderos motivos detrás de esta ocurrencia? Fuentes consultadas revelan que esta idea no es nueva en círculos separatistas, pero resurge ahora como un globo sonda para mantener viva la llama del victimismo. En La Razón, se cuestiona su viabilidad: «¿Es posible que Cataluña imponga un huso horario diferente al de España?» , destacando que tal medida requeriría aprobación estatal y podría generar caos logístico. Imagínense: fronteras temporales dentro de un mismo país, con trenes, aviones y negocios operando en horarios desfasados. Esto no es independencia; es aislamiento económico autoimpuesto. Para argumentar, busquemos perspectivas contrarias: historiadores como el profesor Antonio Rivera, en artículos sobre la evolución horaria europea, explican que el huso CET (Central European Time) facilita el comercio y la coordinación con la UE, donde España es un miembro pleno y no un apéndice franquista .
Enfrentemos hechos: esta propuesta no libera a Cataluña, la atrasa. Si el independentismo busca debate, aquí va: ¿Por qué no discutir el impacto en la economía? Un cambio horario desincronizaría Cataluña con Madrid y Bruselas, afectando inversiones y turismo. Fuentes como OK Diario lo llaman «la última ocurrencia del Consell» , y en El Debate, se advierte de su carácter divisivo: «Ciertos sectores soberanistas consideran que el horario actual es herencia franquista» . Para equilibrar, consultemos visiones pro-europeas: la UE ha debatido eliminar cambios estacionales, pero mantener husos unificados promueve eficiencia, como detalla un informe de la Comisión Europea de 2018.
En conclusión, esta iniciativa no es más que un reloj roto que marca la hora del separatismo obsoleto. Invitamos al debate: ¿Debería España ceder ante caprichos que erosionan su unidad, o reforzar la cohesión nacional frente a estos disparates?




