En un nuevo episodio de la degradación política que sufre España bajo el mandato de Pedro Sánchez, el Partido Nacionalista Vasco (PNV) ha lanzado un ultimátum al presidente del Gobierno: dos meses para ceder la gestión de los aeropuertos y el control de la inmigración, o de lo contrario, su frágil coalición podría tambalearse.
Este movimiento no es aislado; se suma al chantaje sistemático de los independentistas catalanes, que han convertido las demandas territoriales en un arma para mantener a Sánchez en el poder a costa de la unidad nacional. ¿Cómo es posible que un Gobierno se someta a socios que lo extorsionan sin pudor, exponiendo al país a una fragmentación irreversible?
El ultimátum del PNV: exigencias que fragmentan la soberanía
El lehendakari Imanol Pradales, del PNV, ha sido claro en su reunión con Sánchez: exige que el País Vasco sea declarado «Frontera Norte» para gestionar los flujos migratorios, asumiendo competencias en extranjería y expulsiones a través de la Ertzaintza.
«El PNV da dos meses a Sánchez para quedarse con la gestión de los aeropuertos y el control de la inmigración», titula OK Diario, detallando cómo se ha pactado convocar la Comisión Bilateral en marzo para avanzar en estos traspasos y actualizar el Cupo.
Fuentes como El Correo confirman que Pradales ha dado «dos meses a Sánchez para ceder competencias en migración y aeropuertos», enfatizando la negociación para que Euskadi asuma un rol fronterizo.
Incluso Libertad Digital revela que Sánchez aborda con el PNV que la Ertzaintza intervenga en la expulsión de inmigrantes, concediendo un plazo hasta finales de marzo para ultimar acuerdos.
Este ultimátum no es más que una extensión del modelo separatista que erosiona la soberanía estatal.
Paralelismos con Cataluña: un patrón de extorsión compartido
Pero el verdadero escándalo radica en el paralelismo con Cataluña. Al igual que el PNV, ERC y Junts han convertido sus apoyos parlamentarios en un instrumento de extorsión.
Junts exige a Sánchez que Cataluña tenga el poder para expulsar inmigrantes antes de hablar de Presupuestos, reclamando un traspaso pleno y no «capado», destacando el rechazo a una transferencia parcial.
Vozpópuli detalla cómo Sánchez dio orden de cerrar en horas la cesión del control de fronteras a Cataluña por exigencia de Junts, compensando a Puigdemont tras otras concesiones.
Y El Periódico analiza la lucha de Junts y ERC para sacar rédito en inmigración y financiación, proponiendo el Gobierno 21.000 millones más a las comunidades, pero priorizando demandas catalanas.
Los españoles, según El Español, rechazan masivamente estas medidas: el 81,2% está en contra de transferir el control de inmigración a la Generalitat.
La debilidad del Gobierno: socios que dictan y una nación en riesgo
Este patrón de chantaje revela la debilidad estructural del Gobierno de Sánchez. ¿Cómo puede un Ejecutivo nacional sostenerse en aliados que priorizan sus agendas separatistas sobre el interés general?
El PSOE se ha aliado con formaciones que, destruyen España para que Sánchez sobreviva un poco más en su obsesión por el poder. La crítica es inevitable: este Gobierno expone a España a un debate de ideas pervertido, donde el diálogo se reduce a cesiones ante amenazas.
En lugar de defender la cohesión territorial, Sánchez opta por la sumisión, mutualizando deudas y fragmentando competencias para comprar lealtades efímeras. Como señala un análisis en La Voz de Galicia, tras ceder ante ERC y el PNV, el pacto con Podemos sobre migrantes abre la puerta al traspaso a Cataluña, reclamado por Junts.
Esto no es gobernar; es sobrevivir a expensas de la nación. El resultado: una España debilitada, donde los separatistas dictan el ritmo y el centro pierde control.






