La vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez habría ofrecido a Estados Unidos un «Madurismo sin Maduro»: un gobierno de transición donde ella asumiría el mando, exiliando al dictador a Qatar o Turquía. Esta revelación, destapada por el Miami Herald en una investigación, expone las grietas internas de un poder que se desmorona bajo la presión de Washington y la desesperación de sus propios verdugos. ¿Es este el fin de la farsa chavista, o solo el preludio de una puñalada más profunda en el corazón del tirano?
El escándalo estalla apenas un día después de que Donald Trump autorizara operaciones encubiertas de la CIA contra el narcotráfico en el Caribe, señalando directamente a Maduro como cabecilla del «Cártel de los Soles». Fuentes cercanas a las negociaciones, citadas por el medio floridano, aseguran que Rodríguez y su hermano Jorge, presidente de la Asamblea Nacional, presentaron dos propuestas formales este año a través de intermediarios qataríes. La primera, en abril, planteaba la renuncia de Maduro a cambio de su permanencia en Venezuela con garantías de seguridad, con Delcy al frente del Ejecutivo. La segunda, en septiembre, era más audaz: un dúo de poder con Rodríguez y el exgeneral Miguel Rodríguez Torres (exiliado en España) liderando la transición, mientras Maduro huía a un paraíso petrolero. «Estas iniciativas buscaban persuadir a sectores del Gobierno de Estados Unidos de que un ‘Madurismo sin Maduro’ podría permitir una transición pacífica, preservando la estabilidad política sin desmantelar el aparato gobernante», detalla el informe del Miami Herald.
Pero la traidora no se queda callada. Delcy Rodríguez, esa figura de ambición desmedida descrita por exiliados venezolanos como «un ser oscuro que se llevaría por delante a Maduro o a quien sea necesario», desmintió todo en su Telegram con un tajante «¡Fake news!». «No tienen ética ni moral, y favorecen exclusivamente la mentira y la carroña», arremetió, acompañando su negación con un selfie sonriente junto al líder supuestamente sacrificado: «Juntos y unidos junto al presidente Maduro consolidando el camino de Chávez. No han podido ni podrán». ¿Desesperada por tapar el escándalo o un montaje para ganar tiempo? En el régimen, la lealtad es tan frágil como el bolívar.
Esta filtración no es mera especulación periodística: es la confirmación de que el chavismo, ese experimento fallido de socialismo, colapsa por su propia podredumbre interna. Fuentes como The New York Times ya habían revelado ofertas previas de Maduro para ceder contratos petroleros a empresas estadounidenses, rompiendo lazos con China, Irán y Rusia a cambio de alivio en sanciones. Ahora, con los hermanos Rodríguez moviendo hilos en Doha –donde Delcy guarda activos millonarios–, queda claro: el círculo íntimo de Maduro prioriza su supervivencia sobre la del tirano. María Corina Machado, galardonada con el Nobel de la Paz, lo sentencia sin piedad: «Su propio entorno ha estado negociando a sus espaldas, sacrificando a Maduro».
No nos engañemos: esta no es solo una crisis venezolana, sino un recordatorio para occidente. Trump, con su recompensa de 50 millones de dólares por Maduro, ha reabierto la caza al narco-dictador, recordándonos que la tolerancia con tiranías como la de Caracas alimenta el caos.
La libertad de Venezuela exige presión inquebrantable: El fin de Maduro no es negociable; es inevitable.






