Los Oscar son ese momento mágico del año en el que Hollywood hace una cama redonda para celebrar su talento y demostrar tres cosas: que son profundamente conscientes de los problemas del mundo, que tienen soluciones muy claras para todos ellos y que, curiosamente, ninguna implica renunciar a un casoplón en Beverly Hills.
Es un espectáculo fascinante: millonarios explicándole al mundo cómo debería vivir… mientras el mundo, en general, está intentando llenar la olla con algo comestible desde el día 23 de cada mes. O antes…
Bardem y el pacifismo de alfombra roja
Javier Bardem quiso reivindicar el “No a la guerra” de Elma Saiz que Telemadrid ha querido ridiculizar este fin de semana argumentando que no funcionaba en las gasolineras. Bardem nos ha enseñado que, pronunciado con gravedad, pausa dramática y ese gesto de actor que parece que está a punto de citar a Sócrates, funciona. Ejemplo:
—¿Cuánto es el depósito?
—95 euros. ¿efectivo, tarjeta o conciencia moral?
—No a la guerra.
—Perfecto señor Bardem. ¿quiere unos chicles?
—Palestina libre.
—Aquí tiene (con to tus …)
Porque claro, uno escucha eso y piensa: menos mal que alguien lo ha dicho. Hasta ahora el resto del planeta estaba muy a favor de los misiles.
Y se cree que soltando la frase, alcanza el estatus de Stanley Kubrick y su “La Chaqueta Metálica”
La industria del cine lleva décadas descubriendo la misma verdad: las guerras son terribles… sobre todo cuando ya han pasado, cuando no te juegas nada y cuando el discurso viene acompañado de un vestido de alta costura y una copa de champán.
Pero oye, que quede claro: muy comprometidos todos.
Se escribe “Sirat”: se pronuncia “Sin Na”
Porque con eso ha vuelto: SIN NA.
A ver… Si vais a hacer una película sobre música electrónica y queréis un Oscar, lo teníais fácil: HABER LLAMADO A ÓSCAR MULERO. Un Óscar de Madrid que tiene más autoridad que uno americano, al menos últimamente. Porque el señor Mulero está reconocido como uno de los mejores Djs del mundo, con lo cual yo discrepo: es EL MEJOR directamente y habéis desaprovechado una oportunidad de oro
El caso de Sirat ya se ha visto muchas veces; llegó a la gala con esa aura de “película importante” y luego se lleva en justicia lo que es: NA
¿Te cuento de qué va? No va ni de raves, ni trata sobre las sustancias y el dilema uso/abuso, ni de lo lejos que se tiene que ir un joven hoy en día para divertirse (que mira, por ahí podían haber ido los tiros…)
SPOILER QUE AHORRA DOS HORAS DE VIDA (Si, yo las perdí por ti. No hay de qué)
SIRAT es la historia del peor padre del mundo, que se va a buscar a una hija perdida, o fugada, (o que a lo mejor ni existe) a Mauritania con su hijo pequeño de Rave en Rave. El niño se cae por un barranco, el padre se come un tripi y la mitad de los hippies se mueren porque los muy gilipollas se ponen a bailar en un campo minado sin saberlo. Se salvan tres. FIN
Yo me voy con el niño a Mauritania y cuando llego me está esperando mi mujer para decirme lo gilipollas que soy. Y con razón
Sean Penn: lo contrario de Bardem
Sean Penn, por su parte, tomó una decisión muy lógica: prefirió irse a la guerra antes que ir a recoger el Oscar por la película en la que participaba.
Recordemos que es el tercer premio que le otorgan este año y que no recoge pero, vámonos con las comparativas que son deliciosamente odiosas: Tenemos por un lado a un recogío que trabaja menos que el peluquero de Bob Marley, y que usa los premios para hablar de la guerra, sin ir ni a la guerra ni optar por un premio, y por el otro, a uno que prefiere ir a la guerra que recoger OTRO Oscar (este sería su tercero, y su segundo ya se lo llevó a Zelensky)
Hay películas que te marcan.
Y luego están las que te empujan directamente hacia Ucrania.
DiCaprio: protagonista del cartel, extra en los premios
Leonardo DiCaprio volvió a protagonizar la secuela más larga de la historia del cine:
“DiCaprio nominado pero no gana”.
La película se vende con su cara ocupando medio cartel. Su nombre aparece en letras gigantes, como si fuera el salvador del cine contemporáneo. Es el reclamo principal. El protagonista. El que vende las entradas.
Pero cuando llega el momento de repartir premios, la Academia actúa como si DiCaprio fuera el cuñao de Rocky en la cena de Nochevieja.
A estas alturas DiCaprio ya no compite por el Oscar. Compite por algo mucho más importante: el Oscar al mejor protagonista del meme, categoría en la que comparte trono con otra leyenda cultural universal: Julio Iglesias señalando con el dedo y diciendo “Y lo sabes”, recordándote que tú y él sabéis perfectamente de qué está hablando.
Porque si hay un lugar donde DiCaprio reina sin discusión es en internet.
Ahí sí que no hay competencia.
“Lo importante es participar” le dijeron a Diane Warren
Diecisiete nominaciones. Diecisiete.
DIECISIETE
El año que viene serán dieciocho y podrá sacarse el carnet para irse en coche por la autopista de la depresión
Diane va a la Sierra de Madrid y le pica una medusa. Es la que no va al estadio cuando gana el Cádiz. Si se afilia a VOX gana PODEMOS. Va al precio justo y se lleva un coche diésel.
Y si algún día gana el Oscar, seguro que se lo da Bardem y no la deja hablar con sus pamplinas antibelicistas
Amy Madigan: MENOS MAL
Y en medio de todo ese festival de vanidad, discursos huecos y derrotas repetidas hubo un momento sorprendentemente acertado: el Oscar a Amy Madigan como mejor actriz de reparto.
Un personaje que demuestra una verdad universal del cine: un cliché bien ejecutado puede mejorar una película entera.
Y aquí hay que reconocer el extraordinario trabajo de caracterización y diseño del personaje.
Porque imaginad el trauma psicológico de un niño que descubre que su tía es una bruja pero na más verla
Porque na más verla su aspecto es el de una charo de las que votan al PSOE en las generales, a Podemos en las municipales y a Bildu en las autonómicas, según está escrito en su sospechoso flequillo
Y todo eso se refleja perfectamente en el personaje.
En esa mirada de tertulia de sobremesa permanente.
En las gafas de señora que quiere imitar a Rappel pensando que puede.
En el flequillo de abertzale.
En ese color de pelo.
Y en esa cara de persona a la que no llaman ni para ir a Juan y Medio; no por la calidad de su programa, sino porque no existe viejo tan desesperado.
Por eso el niño ya vio a la bruja de lejos, mucho antes de presenciar el numerito de los padres con los tenedores, que por cierto, momentazo de la peli.
Eso no es casualidad.
Eso es diseño de personaje.
Eso es arquitectura dramática.
Eso es cine.






