En un acto de traición flagrante a los españoles, el gobierno de Pedro Sánchez ha aprobado una regularización masiva de hasta 500.000 inmigrantes ilegales, disfrazada de «medida humanitaria» para garantizar derechos y seguridad jurídica a quienes han venido ilegalmente a instalarse entre nosotros.
Esta «entrada ilegal legalizada» llega en un momento crítico, con requisitos laxos como haber residido en España antes del 31 de diciembre de 2025 y carecer de antecedentes penales en el país con una simple declaración jurada del interesado: «la declaración responsable sustituirá la presentación obligatoria de certificados de antecedentes penales» al más puro estilo «yo no he hecho nada» «hermano yo sí te creo».
Pero, ¿por qué ahora? Resulta hipócrita clamar escándalo por 500.000, cuando en 2005, bajo el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, se regularizaron 576.506 ilegales en la mayor «normalización» de la historia democrática, y la prensa no le dio importancia.
Ningún medio subvencionado alzó la voz entonces, pero hoy amplifican el «debate humano» para distraer, porque la verdad es cruda: se avecinan elecciones autonómicas en Aragón el 8 de febrero de 2026 y en Castilla y León el 15 de marzo.
El PSOE, acorralado por tramas de corrupción alrededor de Sánchez, usa esta regularización como escudo. Mientras hablan de «integración social», opacan por ejemplo, las investigaciones de la UCO sobre 22 contratos presuntamente «amañados» de ADIF por 355 millones de euros, sí, ADIF, la mayor receptora de fondos europeos Next Generation que tiene los transportes ferroviarios en lamentables condiciones. Nombres socialistas como Koldo García, José Luis Ábalos, Leire Díez, Santos Cerdán… Se investigan mordidas superiores a un millón, grabaciones, confesiones que salpican al corazón del partido y a media familia del presidente. No hay forma humana de tapar la montaña de corrupción, pero lo intentan.
No es casualidad tampoco que audios filtrados de Vox en Aragón salgan ahora, a puertas de las urnas, para sembrar división en la derecha patriótica y desviar la atención de la podredumbre socialista, ¿en qué partido no han habido discrepancias, roces, enfados, discusiones? Pero curiosamente salen ahora sobre la oposición. Esta maniobra es puro control y estrategia: la prensa cómplice, alimentada con subvenciones, amplifica ruidos viejos para manipular los tiempos. Cualquier «noticia» desenterrada que no sea del plano temporal actual es propaganda del régimen sanchista. España no necesita más inmigración ilegal legalizada, sino trabajo y fronteras seguras y justicia para los españoles primero e inmigrantes legales primero. Esto es sustitución demográfica y encubrimiento de escándalos.
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