El príncipe Hisahito, segundo en la línea de sucesión al trono japonés, se enfrenta a una doble presión. Por un lado, debe continuar con la tradición familiar del pacifismo y el recordatorio de las tragedias de la Segunda Guerra Mundial, especialmente las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, cuyo 80 aniversario se conmemora este año. Por otro lado, carga con el enorme peso de asegurar la continuidad de la dinastía más antigua del mundo, que se enfrenta a una crisis existencial debido a la falta de herederos varones y a una ley sálica inamovible, que prohíbe a las mujeres acceder al trono. Mientras el debate parlamentario sobre una posible reforma de la Ley de la Casa Imperial se estanca, la dinastía confía en que el joven príncipe, que está a punto de celebrar su ceremonia de mayoría de edad, sea quien resuelva el problema.
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