En un giro que parece sacado de una novela de espías geopolíticos, el senador republicano Lindsey Graham ha soltado la bomba: Donald Trump está preparando operaciones terrestres en Venezuela para acabar con el flujo de drogas y, de paso, con el régimen de Nicolás Maduro. «¿Es hora de que Maduro se vaya? Sí, lo creo», afirmó Graham, insinuando que Trump planea informar al Congreso sobre la expansión de ataques contra narcos en el Caribe y más allá. No es una amenaza vacía: Trump ya ha autorizado operaciones de la CIA en territorio venezolano y ha insinuado que los golpes aéreos y marítimos son sólo el aperitivo. «Hemos detenido casi todo por mar. Ahora lo haremos por tierra», advirtió el propio Trump. ¿Y si este ultimátum coincide con un posible pacto secreto en Asia? Porque mientras Graham suelta estas perlas en Washington, Trump ha volado a la cumbre de la ASEAN en Kuala Lumpur, donde se reunió fuera del circuito oficial con el presidente brasileño Lula da Silva. ¿Coincidencia? O, mejor dicho, ¿el comienzo de una ofensiva continental contra el tirano caribeño?
Críticos de izquierda gritan «imperialismo yanqui», acusando a Trump de querer convertir a Caracas en una «colonia» estadounidense. Pero ¿y la verdad incómoda? Maduro ha convertido Venezuela en un paraíso para carteles, con millones huyendo hacia Colombia y Brasil. Senadores demócratas intentan bloquear cualquier escalada con votos en el Congreso, pero Graham contraataca: «Los días de Maduro están contados». ¿Debate de ideas? Claro: la izquierda defiende la «soberanía» de un dictador que roba elecciones y tortura opositores, mientras el sentido común clama por acción. Si Trump y Lula sellaran un pacto, sería la jugada maestra: Brasil corta el oxígeno logístico a Maduro, EE.UU. aplica el bisturí militar. Fin del experimento chavista.
En resumen, las declaraciones de Graham no son bravata aislada; encajan en un rompecabezas asiático donde Trump, el disruptor, podría haber reclutado a Lula para un asalto final. ¿Acuerdo para acabar con Maduro? Las piezas apuntan que sí. Si no actuamos ahora, el veneno venezolano seguirá envenenando América.






