En un giro que desnuda las flaquezas del legado chavista, el general Francis L. Donovan, jefe del Comando Sur de Estados Unidos, ha pisado suelo venezolano para imponer orden en un país sumido en el caos post-Maduro. Esta visita no es un mero formalismo diplomático, sino una imposición estratégica para ejecutar el plan de tres fases de Donald Trump, diseñado para rescatar a Venezuela de las garras del socialismo fallido. Pero surge la pregunta inevitable: ¿Dónde están los comunistas ahora? Figuras como Diosdado Cabello, otros voceros feroces del antiimperialismo, parecen haber mudado su retórica por un pragmatismo oportunista.
La visita inesperada del Comando Sur
El 18 de febrero de 2026, Donovan llegó a Caracas para reunirse con las autoridades interinas, marcando un hito en las relaciones bilaterales tras la caída de Nicolás Maduro. Según informes, el general se encontró con la presidenta encargada Delcy Rodríguez, el ministro de Defensa Vladimir Padrino López y el ministro del Interior Diosdado Cabello, con el fin de avanzar en una agenda de cooperación contra el narcotráfico, el terrorismo y la migración irregular. Un artículo de DW, subraya el compromiso de EE.UU. con la seguridad regional. Esta incursión militar-diplomática expone cómo Washington asume el control para corregir décadas de desgobierno izquierdista, priorizando la estabilidad antes que concesiones ideológicas.
El rol hipócrita de Diosdado Cabello
Diosdado Cabello, conocido por su retórica incendiaria contra el «imperialismo yanqui», ahora se sienta a la mesa con el enemigo que tanto denunció. En el pasado, Cabello amenazó con resistencia armada ante cualquier intervención estadounidense, pero en esta reunión histórica, participó activamente en discusiones sobre seguridad hemisférica. ¿Acaso esta postura no revela el oportunismo del chavismo? Cuando el poder se tambalea, los principios se disipan, dejando al descubierto una ideología hueca que prioriza la supervivencia sobre la coherencia.
El plan de tres fases de Trump: estabilización forzada
El núcleo de esta visita radica en el plan de tres fases impulsado por Donald Trump, que busca estabilizar Venezuela mediante etapas de seguridad inmediata, restauración institucional y recuperación económica. Donovan evaluó directamente su implementación, asegurando que el país se alinee con intereses hemisféricos estadounidenses. «El objetivo es garantizar la implementación del plan de tres fases del POTUS (presidente Donald Trump)», explica El Nacional en su cobertura detallada. Este enfoque pragmático, corrige el desorden socialista y prioriza la política real sobre utopías fallidas, invitando a un debate sobre si la intervención externa es el único antídoto contra regímenes autoritarios.
El silencio cómplice de los comunistas
Mientras Donovan dicta términos en Caracas, la izquierda internacional guarda un mutismo revelador. Aquellos que ayer marchaban contra el intervencionismo ahora evaden el escrutinio, permitiendo que el chavismo residual negocie con Washington sin protestas. Este silencio no es casualidad, sino una admisión tácita de fracaso: el comunismo se desmorona ante la presión real de potencias como EE.UU., cuestionando la viabilidad de ideologías que prometen igualdad pero entregan miseria.
Esta visita acelera la transición venezolana, pero también expone las contradicciones del socialismo. El contraste es brutal: de amenazas a negociaciones, el chavismo se rinde ante la evidencia de su obsolescencia.






