El asesinato de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan y apodado el «Bukele Mexicano» por su mano dura contra el crimen organizado, ha desatado una ola de protestas que sacuden los cimientos del gobierno de Claudia Sheinbaum. Este valiente líder local, que se atrevió a desafiar a los cárteles con políticas de tolerancia cero, fue acribillado a balazos el pasado 1 de noviembre durante las celebraciones del Día de Muertos, frente a su familia. ¿Coincidencia o eliminación calculada? Mientras el oficialismo balbucea condolencias vacías, el pueblo grita «¡Claudia asesina!» y «¡Fuera Morena!», exigiendo justicia en las calles de Michoacán.
Manzo, un político independiente que rompió con el partido Morena de Sheinbaum, se ganó su apodo al emular las estrategias exitosas de Nayib Bukele en El Salvador. En discursos incendiarios, declaraba: «Si alguien está abriendo fuego contra la población civil, los vamos a abatir». Criticaba abiertamente la política de «abrazos, no balazos» del gobierno federal, exigiendo refuerzos y armamento para combatir a los narcos que aterrorizan Michoacán. Semanas antes de su muerte, advirtió: «Si algo me pasa, quiero que se sepa por qué fue». A pesar de contar con protección de la Guardia Nacional, fue ejecutado con seis disparos, lo que pone en evidencia la fragilidad absoluta de las fuerzas de seguridad ante los poderosos cárteles.
Las protestas no se han hecho esperar. En Morelia, capital de Michoacán, manifestantes irrumpieron en el Palacio de Gobierno, incendiando partes del edificio y lanzando muebles por las ventanas, al grito de «¡Claudia asesina!» y «¡Fuera Morena!». Estas acciones reflejan el hartazgo ante la «negligencia» del gobernador Alfredo Ramírez Bedolla y la presidenta Sheinbaum. En Uruapan, cientos acompañaron su féretro exigiendo justicia, mientras estudiantes marchaban con carteles que claman por un cambio radical. Este no es un caso aislado: Manzo es el décimo alcalde asesinado desde que Sheinbaum asumió en octubre de 2024.
Sheinbaum, en su respuesta tibia, condena el asesinato y promete «no habrá impunidad», pero ¿Quién cree en promesas de un gobierno que ignora las súplicas de sus propios aliados? El gobernador Bedolla, en una declaración polémica, afirmó que Manzo «sabía el riesgo» de enfrentar a la delincuencia. Esto huele a excusa para encubrir la inacción federal.
Este tragedia invita al debate: ¿Por qué México no adopta medidas drásticas como las de Bukele, que han reducido los homicidios en El Salvador drásticamente? Sheinbaum rechaza críticas similares, pidiendo «respeto» en lugar de acción, como cuando respondió a Bukele en marzo: «No voy a entrar en debate con Bukele». Pero el pueblo exige resultados, no discursos. La oposición acusa al gobierno de «ineficacia estatal». ¿Hasta cuándo tolerarán un régimen que prioriza abrazos a criminales sobre la seguridad de sus ciudadanos?






