Ayer iniciábamos en este enlace la primera parte.
Vayamos al detalle: en julio de 2014, por sorpresa, Pujol publica una carta en la que confiesa haber tenido cuentas en el extranjero durante años, lo que supone el reconocimiento de un delito fiscal y el total descrédito de su figura política basada en el tradicional estilo catanal de seny, honradez y laboriosidad. Evidentemente, nadie procede a semejante suicidio político sino se ha visto acorralado – Pujol es la más notoria víctima del declive del juancarlismo, es decir, de la impunidad efectiva de la élite política que consiguió navegar la transición. ¿Quién no sabía de las amantes del rey o sus negocios con los hermanos árabes, quién no sabía a qué se refería Arzalluz cuando decía que unos mueven el árbol y otros recogen las bellotas, quién no conocía el funcionamiento caciquil en Cataluña de la famila Pujol-Ferrusola? La calma civil y la prosperidad de progresismo tibio de la España del 92 tenía su precio y todos lo pagábamos encantados. Tan monárquico era el ABC como El País, tan aplacable era (desde la óptica pujolista) el PSOE de Felipe como el PP de Aznar. Todo ese tinglado, corrupto y apacible, fue liquidado con las bombas de Atocha y se abrió una nueva época, cuyos pecados aún pagaremos durante mucho tiempo.
Lo que hizo Pujol fue ir agitando de manera progresiva el avispero: primero quizás le movió el cálculo político, luego, conforme el procés se fue haciendo inevitable al haberse roto los puentes que mantenían el “oasis catalán”, ya solo buscaba su supervivencia personal y familiar. La intrahistoria mafiosa de aquellos años de descomposición quedó expuesta en las confesiones de Javier de la Rosa en torno a las comisiones kuwaitíes y el lector puede seguir ese hilo, para el que ahora no tenemos espacio. Lo cierto es que para cuando llega 2017 y Rajoy manda a 3000 policías a impedir un referéndum de independencia, Pujol se ha borrado del mapa y su única batalla consiste ya en evitar la cárcel. Su hijo Oriol Pujol Ferrusola había tenido que dimitir por el primero de una serie de escándalos tangenciales (el llamado “caso de las ITV”) y el proceso judicial amenazaba con desmontar un entramado de cobro de comisiones que en realidad era la capa superficial del funcionamiento de CiU como estado paralelo, regente de los verdaderos espacios de poder políticos, culturales y financieros.
A día de hoy sabemos que al viejo virrey le quedaban muchos ases en la manga: Oriol Pujol fue el único del clan que pasó por la prisión, cumpliendo dos meses. De alguna manera, la instrucción judicial ha ido demorándose mientras el foco mediático apuntaba hacia otros lugares y a día de hoy no está ni siquiera claro que el patriarca vaya a responder de manera efectiva delante del tribunal. Con la perspectiva que dan los años, una cierta correlación emerge: cuanto más presionado se ha visto Pujol en lo personal, más se ha envenenado la política catalana, y viceversa. Se equivocan quienes ven a Puigdemont como un rebelde frente al pujolismo. El espíritu del 1 de Octubre es el órdago que la vieja CiU lanza a una España en la que ya no encuentra la clásica interlocución penumbrosa. La prueba es que todos los líderes del procés han pasado por la cárcel o el “exilio” y Pujol ha seguido dando conferencias aquí y allá, moviéndose por Barcelona en coche oficial.
Pujol fue el pionero en muchas cosas, la más importante de todas la comprensión de que la España constitucional tenía su punto débil en la cuestión territorial. Hoy nada queda de su democracia cristiana abierta tanto al conservadurismo tradicional catalanista como al progresismo cosmopolita del 92. Años de gobiernos de izquierda han transformado Cataluña en un caos abandonado a la decadencia y la sustitución demográfica. El trauma del 1 de Octubre hace imposible la recuperación de una derecha catalana civilizada y ahora Silvia Orriols se enfrenta al progresismo estúpido de Rufián o Ada Colau. La sociedad enervada por las redes sociales ya no soporta a tejedores de penumbras, ya no entiende los mecanismos clásicos del poder de cigarro y copa de cognac. Pujol creó el mundo anterior por pura ambición y el mundo actual por pura supervivencia. Sin él, a la larga, nada puede explicarse.







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