El Gobierno siempre presume de defender a la clase trabajadora pero la realidad pinta un cuadro bien distinto: una traición flagrante a los autónomos españoles en beneficio de los grandes fondos de inversión. Mientras el Estado inyecta miles de millones de euros públicos en entidades financieras privadas, impone subidas draconianas en las cuotas de los trabajadores por cuenta propia. Esta hipocresía no solo erosiona la base productiva de España, sino que revela el verdadero rostro de un progresismo de salón, más alineado con el capital global que con los intereses de los ciudadanos de a pie.
Según revelaciones recientes en el Confidencial, el Estado ha comprometido más de 5.000 millones de euros en fondos de inversión que operan en España durante los últimos doce años. «En doce años, el Estado ha comprometido más de 5.000 millones de euros públicos en fondos de inversión que operan en España», detalla la información, destacando cómo estos recursos se destinan a entidades que, en muchos casos, priorizan el beneficio especulativo sobre el desarrollo local. Esta generosidad contrasta brutalmente con la propuesta gubernamental de elevar las cotizaciones a los autónomos, un colectivo que representa el motor emprendedor de la economía nacional.
De hecho, esta subida recaudaría 1.900 millones más cada año hasta 2028, lo que implica un incremento medio del 4% al 35% en las cuotas a partir de 2026, subrayando el impacto en un sector ya asfixiado por la burocracia y la inflación. Otras fuentes elevan la cifra acumulada a 5.739 millones en tres años, confirmando el peso de esta medida en las arcas públicas. «Las nuevas tarifas planteadas por la Seguridad Social elevarían los ingresos del sistema en 5.739 millones en tres años», se indica, aunque omite el contexto de favoritismo hacia el capital. ¿Es esto defensa de los trabajadores o un subsidio encubierto al gran capital? La respuesta parece clara: un Gobierno que se autodenomina progresista actúa como un facilitador de los intereses financieros, mientras carga el peso fiscal sobre los hombros de los autónomos.
Esta dicotomía se agrava al observar el papel de sindicatos como CCOO, que en lugar de priorizar las luchas nacionales desvían su atención hacia causas internacionales. En un vídeo reciente, CCOO proclama que «la clase trabajadora se levanta por el pueblo palestino», llamando a movilizaciones en centros de trabajo este 15 de octubre. El contenido, difundido en redes, insta a «alzar la voz por el pueblo palestino» en plena jornada de paros.
¿Dónde queda la solidaridad con los autónomos españoles que ven sus cuotas dispararse mientras el Gobierno regala fondos públicos? Esta priorización de agendas geopolíticas sobre problemas domésticos realmente nos hace ver que estos sindicatos no representan a la clase obrera nacional, sino que sirven como altavoces de ideologías que distraen de la erosión económica interna. Este escenario evidencia una izquierda caviar que, bajo el manto de la solidaridad global, sacrifica a los trabajadores reales en el altar del capital financiero.







