La final de la Supercopa de España 2026, disputada entre el FC Barcelona y el Real Madrid en Yeda, Arabia Saudí, ha terminado en victoria culé por 2-1. Pero el foco no está en el césped. La ceremonia de premios ha desatado un huracán de críticas por una imagen: una mujer saudí, sola y envuelta en hijab, colocando el trofeo en el podio sin apenas interacción. Esta escena no es un detalle menor. Es un símbolo crudo de la opresión femenina que el régimen saudí impone, y que España parece bendecir por un puñado de petrodólares.
¿Por qué seguimos exportando nuestro fútbol a un país donde las mujeres son tratadas como ciudadanas de segunda? El hijab no es una elección libre; es una cadena impuesta por un sistema patriarcal que relega a las mujeres a la sumisión. Organizaciones como Human Rights Watch lo denuncian desde hace años: en Arabia Saudí, las mujeres aún necesitan tutores masculinos para decisiones básicas, y el velo refuerza esa dominación. Un artículo de El Español recuerda cómo el acoso en Yeda frenó planes para llevar la Supercopa femenina allí, destacando abusos sistemáticos.
Fuentes periodísticas confirman los millonarios beneficios: la RFEF ingresa hasta 21,3 millones de euros por edición, con el campeón llevándose 2 millones extra, según AS.com Pero ¿vale la pena blanquear un régimen que pisotea derechos humanos?
El debate ideológico es profundo. Esto erosiona nuestros valores europeos. Incluso vídeos virales muestran mujeres iraníes quemando hijabs en protestas, como destaca @Capitana_espana: «Mujeres Iraníes quemando el Hiyab mientras te lo están normalizando en España y en Europa»
La RFEF justifica el acuerdo como «promoción global», pero incidentes pasados, como el acoso a esposas de jugadores del Mallorca en 2025 según AP News, demuestran lo contrario Es tiempo de romper este pacto: repatriar la Supercopa y defender la igualdad sin velos ni concesiones.







