El régimen de Irán, liderado por el ayatolá Alí Jamenei, acelera su represión contra las protestas masivas que sacuden el país desde finales de 2025. Las ejecuciones de manifestantes detenidos podrían comenzar hoy mismo, con el joven Erfan Soltani, de 26 años, como la primera víctima anunciada para ser ahorcado. Este caso, reportado por múltiples fuentes independientes, expone la urgencia de una crisis que ya ha cobrado miles de vidas.
Las protestas, impulsadas por la pobreza extrema, la corrupción y la opresión sistemática, han enfrentado una respuesta brutal. Según la organización Iran Human Rights (IHRNGO), al menos 648 manifestantes han sido asesinados en las últimas semanas, incluyendo nueve menores de edad. La Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA) eleva la cifra a más de 2.550 muertes totales, mientras que Iran International reporta al menos 2.000 fallecidos en solo 48 horas, con hospitales en ciudades como Karaj abrumados por cuerpos.
Erfan Soltani fue detenido en su hogar en Fardis, cerca de Teherán, el 8 de enero. En un juicio exprés de apenas dos días, sin acceso a abogados ni derechos básicos, fue condenado a muerte. Su familia recibió una notificación abrupta y solo pudo visitarlo brevemente. Como detalla IHRNGO, «su familia fue informada de que había sido sentenciado a muerte y que la sentencia se ejecutaría el 14 de enero». La CNN confirma que el Departamento de Estado de EE.UU. teme que Soltani sea ejecutado hoy, destacando que «más de 10.600 iraníes han sido arrestados por exigir sus derechos básicos».
Amnistía Internacional advierte de un «nuevo ciclo de derramamiento de sangre», con al menos 28 muertes documentadas entre el 31 de diciembre de 2025 y el 3 de enero de 2026 en ocho provincias. El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos condena el uso de fuerza letal y el etiquetado de manifestantes como «terroristas» para justificar la violencia, afirmando que «el asesinato de manifestantes pacíficos debe detenerse».
El silencio de la izquierda global: hipocresía y complicidad
¿Por qué la izquierda internacional guarda un silencio ensordecedor ante esta carnicería? Mientras activistas progresistas en Europa y EE.UU. defienden causas selectivas de «justicia social», ignoran cómo el régimen iraní –aliado ideológico de ciertos sectores antioccidentales– aplasta disidentes que exigen libertades básicas. Fuentes como Al Jazeera reportan que Teherán acusa a Trump de buscar un «cambio de régimen», pero evitan condenar la brutalidad interna.
En contraste, el presidente Donald Trump ha tomado una postura firme. «Si Irán ejecuta a los manifestantes, EE.UU. tomará una acción muy fuerte», advirtió. En un mensaje reciente, alentó a los iraníes: «La ayuda está en camino». Esta diferencia subraya un liderazgo pragmático de la derecha, que defiende valores universales como la libertad, frente al aislacionismo izquierdista que permite prosperar a tiranos.
El jefe del poder judicial iraní, Gholamhossein Mohseni-Ejei, ignora estas advertencias y promete «juicios rápidos y ejecuciones» para disidentes. Amenazan con bombardear bases americanas si hay un ataque por parte de EEUU. El Centro para los Derechos Humanos en Irán (CHRI) alerta que acusaciones de «colaboración con Israel y EE.UU.» podrían llevar a más penas capitales.
Llamado a la acción: ¿apoyamos la libertad o cedemos al terror?
Esta situación interpela a Occidente: ¿defendemos la libertad o permitimos el avance del terror islamista? Trump lo tiene claro, y su advertencia podría disuadir ejecuciones. Si prosiguen, el régimen no solo matará disidentes, sino que exportará inestabilidad global, desde terrorismo hasta migraciones forzadas. Es tiempo de acción decisiva, no de complacencia.








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