En un escenario que revela la verdadera cara de la teocracia iraní, las protestas que estallaron a finales de diciembre de 2025 han escalado a niveles de violencia inéditos. Según informes independientes, más de 500 personas han perdido la vida, mientras el régimen responde con represión brutal, detenciones masivas y amenazas geopolíticas. Este no es solo un conflicto interno: es un desafío al orden mundial que obliga a cuestionar la pasividad de las democracias occidentales.
Las manifestaciones comenzaron por agravios económicos, como el colapso del rial y la inflación descontrolada, pero rápidamente se transformaron en un rechazo frontal al gobierno teocrático. La Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), basada en Estados Unidos, reporta al menos 538 fallecidos y más de 10.600 detenidos en apenas dos semanas. «Los disturbios en Irán provocaron la muerte de 538 personas», detalla un informe de Ámbito Financiero, subrayando cómo las fuerzas de seguridad usan fuego real contra civiles desarmados.
Sin embargo, otras fuentes ofrecen cifras contradictorias que invitan al debate. El Centro para los Derechos Humanos en Irán (CHRI) alerta sobre una «masacre en curso» con cientos de muertos, incluyendo menores, y ataques a hospitales. Por contraste, medios estatales iraníes inflan las pérdidas en sus filas: «Más de un centenar de muertos en las protestas de Irán mientras Teherán amenaza con represalias si EEUU ataca», según elDiario.es, donde se menciona que 48 miembros de las fuerzas de seguridad han muerto. ¿Es esto una justificación para la represión, o evidencia de una resistencia armada? Fuentes conservadoras como Libertad Digital lo ven claro: «Baño de sangre en Irán: la tiranía de los ayatolás ya deja más de 500 muertos y 10.000 detenidos», denunciando que el régimen declara a los manifestantes «enemigos de Alá», un delito punible con la muerte.
Desde una perspectiva geopolítica, el régimen culpa a «elementos extranjeros» por instigar el caos. El ayatolá Alí Jamenei ha afirmado que el régimen «no se detendrá» ante las protestas, según CNN Español. Mientras tanto, Donald Trump no descarta una intervención: «Trump no descarta atacar Irán en medio de las protestas», sugiriendo que «Irán quiere hablar» bajo presión. Esto contrasta con la postura de la ONU, que urge a «prevenir una escalada» sin acciones concretas, como detalla El Español. ¿Por qué la izquierda internacional condena intervenciones en otros contextos pero ignora esta tiranía?
El apagón de internet, impuesto por cuatro días, complica la verificación, pero videos y testimonios confirman la brutalidad. Amnistía Internacional describe un «ciclo renovado de derramamiento de sangre», mientras BBC Mundo informa de «Masivas manifestaciones contra el gobierno recorren las calles de Irán mientras el servicio de internet se corta en todo el país».
Este episodio no es aislado: refleja décadas de opresión bajo un régimen que prioriza la exportación de terrorismo sobre el bienestar ciudadano. ¿Deben las naciones libres imponer sanciones drásticas o seguir con diálogos infructuosos? La inacción occidental, se convierte en complicidad. El Régimen Iraní ahoga en sangre las protestas: ¿Por qué occidente mira para otro lado?







