La izquierda mediática vuelve a hacer de las suyas, interpretando las palabras de Pedro Piqueras de forma que se ajusten a su discurso. El veterano presentador, en una conexión con el programa ‘Mañaneros 360’, ha calificado la inmigración como un «asunto peliagudo» y ha denunciado lo que él llama el «virus del odio» en las redes sociales.
Sin embargo, el análisis de Piqueras se queda corto. No se trata de un «virus del odio», sino de una legítima preocupación de los ciudadanos ante una situación que se les va de las manos. La izquierda, siempre tan dada a los eslóganes vacíos y la superioridad moral, tacha de «racista» a cualquiera que cuestione la política de puertas abiertas, ignorando los problemas reales que esta política está generando en nuestro país.
¿Es odio la preocupación de unos bañistas en Granada al ver llegar una patera a su playa? ¿Es odio el temor a la pérdida de la identidad cultural y la seguridad en nuestros barrios? ¿Es odio el ver cómo se desvía el dinero de los servicios públicos para costear la manutención de inmigrantes ilegales mientras nuestros pensionistas y familias trabajadoras apenas llegan a fin de mes? La respuesta es no. Es sentido común.
La izquierda ha creado una burbuja donde no se puede hablar de la inmigración sin ser acusado de xenófobo. Pero la realidad es tozuda y se impone. La inmigración descontrolada está afectando a la seguridad, la economía y la cohesión social de España. Ya es hora de que se deje de demonizar a quienes tienen una opinión diferente y se empiece a buscar soluciones reales, no eslóganes vacíos.
En lugar de hablar de «virus del odio», deberíamos estar discutiendo cómo proteger nuestras fronteras, cómo integrar a quienes vienen legalmente y cómo repatriar a quienes entran ilegalmente y no respetan nuestras leyes. No se trata de odio, sino de supervivencia como nación.
¿Dejaremos que la izquierda siga ignorando la realidad, o empezaremos a exigir soluciones de sentido común?






